El despertador sonó a las 6 y media de la mañana. Me hice el remolón unos 10 minutos y me levanté para darme una ducha, era invierno así que puse el agua casi hirviendo. Unos 15 minutos más tarde me estaba vistiendo y disponiéndome a salir de casa.Normalmente voy al trabajo en coche, pero esa semana mi hermana iba a tener el suyo en el taller y, como donde ella trabaja no puede ir en transporte público, yo tendría que ir en autobús. Llegué a la parada y me senté a esperar, no tenía controlado el horario así que estuve unos 10 minutos congelándome antes de que llegara. Cuando por fin lo hizo me alegré de que no fuera demasiado lleno, con un poco de suerte incluso me podría sentar. Justo antes de que se cerraran las puertas llegó una chica corriendo y dio las gracias al conductor por esperarla, parecía una habitual de aquella hora porque el conductor le sonrió y le dijo con un tono de broma: "Un día de estos no llegas". La verdad es que me llamó la atención su carita de ángel, piel clara, ojos verdes y grandes y un pelo castaño claro que llevaba recogido en una especie de moño cogido con una pinza negra.Yo me senté en la parte de atrás y ella en la de delante, pero de cara hacia mí. Dejó su bolso entre su cuerpo y la ventana, se quitó la bufanda y se desabrochó un par de botones del abrigo. Cuando estuvo acomodada levantó la vista y creo que me pilló mirándola embobado porque, aunque enseguida aparté la vista y me puse a mirar por la ventana, cuando volví a mirarla ella también me estaba mirando y sonreía, volví a ponerme a mirar por la ventana, pero esta vez creo que estaba bastante colorado. Al cabo de un par o tres de paradas me atreví a mirarla de nuevo y ella estaba leyendo por lo que me pude recrear un poco más, cada vez que la miraba y me fijaba en alguna facción en concreto de su cara me gustaba más. De vez en cuando ella levantaba la vista de su libro y miraba hacia donde yo estaba, yo giraba la cabeza hacia cualquier sitio intentando disimular, pero creo que no me salía muy bien porque ella siempre acababa riéndose. El autobús se llenó al cabo de poco rato y dejé de tenerla a la vista, lo único que supe fue que se había bajado antes que yo porque cuando yo salí ella ya no estaba.Por la tarde volví a coger el autobús de vuelta y, aunque no había dejado de pensar en ella en todo el día, no tenía esperanzas de que volviéramos a coincidir en el viaje de vuelta. A esa hora el autobús iba bastante lleno así que me toco ir de pie. Me puse por la parte central en una zona donde no ha después debió oler al hombre que nos separaba porque me volvió a mirar y me hizo un gesto como queriendo decir: "ufff, que peste", yo le guiñé un ojo y ella me sonrió de nuevo, me estaba volviendo loco esa sonrisa.Un par de paradas más tarde el hombre se bajó y ella se acercó a mi empujada por la masa, debió tropezar (o hacer que tropezaba) porque fue a dar contra mí, enseguida se incorporó de nuevo y me dijo en un tono muy dulce: "Perdón", a lo que yo conteste: "Tranquila, no pasa nada" y los dos sonreímos. Yo iba cogido a la barra del techo, pero ella estaba rodeada de gente y no tenía donde cogerse así que al primer movimiento brusco del conductor volvió a desequilibrarse, esta vez caía hacia otro lado, pero yo la cogí rodeándola con mi brazo derecho la cual cosa le sorprendió al principio, pero también le gustó. Se acercó a mí, con su brazo izquierdo rodeó mi cintura, su mano derecha se paró en mi pecho y me susurró al oído: "No me sueltes". El resto del viaje lo pasamos así incluso cuando bajó la suficiente gente como para habernos podido sujetar los dos por separado. Nos presentamos y estuvimos hablando hasta llegar a nuestra parada. Ella se llamaba Cristina, trabajaba como teleoperadora y me sorprendió cuando me dijo donde vivía ya que estaba bastante cerca de mi casa y yo nunca la había visto antes.Cuando bajamos del autobús andamos un trozo hasta el lugar donde nuestros caminos se separaban, nos dimos dos besos para despedirnos y yo me di la vuelta como para irme cuando escuché que me decía: "¿Me acompañas hasta casa?", yo me giré, sonreí y acepté encantado. Llegamos a su portería entre risas contándonos anécdotas y volvió a llegar el temido momento de separarnos. Volvimos a darnos dos besos, pero esta vez el segundo de ellos más que en la mejilla fue en la comisura de los labios, separamos un poco nuestras caras, nos miramos a los ojos, ella cerró los suyos y se acercó aún más a mí. Dudé un instante y la besé dulcemente mientras la abrazaba. Nuestras lenguas se encontraron y juguetearon durante un tiempo, yo le acariciaba la espalda mientras ella jugueteaba con mi pelo, eso me producía un agradable cosquilleo. Unos minutos más tarde dejamos de besarnos, ella buscó sus llaves en el bolso, abrió la puerta, cogió mi mano y nos metimos en su portería. Continuamos besándonos en el ascensor, esta vez más apasionadamente, nuestras respiraciones se aceleraban por momentos, yo bajé mis manos hasta sus nalgas, las noté firmes y redonditas y las apreté contra mi cuerpo de forma que noté su concha apretada contra mi pene.Cuando llegamos ella abrió, entramos y cerró la puerta detrás de mí, me llevó hasta el comedor, cerca del sofá y dejó caer llaves, bolso y abrigo en el suelo y se lanzó sobre mí casi arrancándome la chaqueta. Continuamos besándonos mientras me arrancaba la camisa y la camiseta del pantalón y me las sacó por la cabeza sin siquiera desabrocharla, yo hice lo mismo con su suéter y una camisetita interior que llevaba. Me dejé caer de espaldas sobre el sofá con Cristina encima de mí, ella me besaba y acariciaba mi torso desnudo mientras yo desabrochaba su sujetador. Cuando se separó un poco de mí para quitárselo pude ver su hermoso pecho, firme, ni grande ni pequeño y con unos pezoncitos pequeños tal y como a mí me gustan. Me salió del alma un: "¡Impresionante!" que hizo que Cristina soltara una carcajada, me incorporé un poco para quedar sentado en el sofá y luego besar su estómago. Con mis manos bajaba lentamente su pantalón hasta quitárselo junto con zapatos y calcetines.Continué bajando con mi boca por mi estómago hasta su pubis, todo depilado, sin un solo pelo, lo que me excitó aún más si cabe. No paraba de acariciarle los pechos, cuello y estómago mientras la besaba por el pubis, muslos e ingles evitando de momento sus labios vaginales lo que parecía excitarla aún más, su cuerpo se arqueaba cada vez más y más y notaba que se le ponía la piel de gallina. Cristina ya no podía aguantar más sin sentirme en su vagina así que cogió mi cabeza y la dirigió hacia ella haciendo que por fin mis labios entraran en contacto con los suyos vaginales, justo en ese momento jadeó fuertemente de placer y yo comencé a jugar con ella. Primero le daba besitos en sus labios mayores, luego los chupaba y los separaba con mi lengua, noté que estaba muy húmeda y la lubricación era perfecta así que me chupé dos dedos y comencé a separarle los labios con ellos mientras comenzaba a chuparle los labios menores que habían quedado al descubierto completamente. Cristina no dejaba de jadear cada vez más fuerte y se movía pidiendo que entrara dentro de ella. Dejé de chuparla lo justo para decir: "Tienes un chochito muy sabroso" y volví a comérselo con más ímpetu esta vez. Mi lengua entraba entre sus labios buscando su clítoris y lo encontró enseguida, estaba bastante hinchado y muy caliente. Una vez lo tuve en mi boca no dejaba de chuparlo y lamerlo mientras dos de mis dedos empezaban a entrar en su vagina notando lo mojada y caliente que estaba. Entraban y salían sin resistencia así que empecé a frotarlos dentro de su vagina de forma que apretaba más aún su clítoris contra mi boca, encogía y estiraba mis dedos dentro de ella y su botoncito del placer creció aún más, me parecía increíble como se estaba poniendo, pero yo no paré.Cristina no podía aguantar más y me chilló: "¡Si no paras no voy a aguantar mucho más!" a lo que yo contesté: "No te contengas, quiero que explotes". Seguí comiéndoselo con más pasión aún y moviendo mis dedos dentro de ella más rápido, su cuerpo no paraba de moverse, estaba muy caliente, estaba empezando a tiritar, gritaba y jadeaba sin parar. Segundos más tarde noté como le llegaba un enorme orgasmo que me mancho toda la boca y la mano con su jugo, seguí chupando y moviendo mis dedos unos momentos mientras su cuerpo daba espasmos y no dejaba de temblar, entonces, sin dejar de acariciarle el clítoris, subí hasta su boca para besarla y que probara su propio sabor, ella me abrazó aún temblorosa y tomó mi lengua en su boca.Estuvimos así como un minuto cuando me dijo: "Ahora me toca a mi" y me sonrió. Me senté y ella empezaba a besarme el pecho y morderme los pezones. Noté que se me desabrochaba el pantalón. Una mano se metió en mis calzoncillos, me cogió el pene semi erecto y comenzó a acariciarlo junto con los testículos. Cristina siguió besándome bajando cada vez un poco más, cuando estuvo a la altura del ombligo sacó su mano de mi paquete y me bajó los pantalones mientras yo, con gran habilidad, me quité zapatos y calcetines solo con los pies. Una vez desnudo ella se puso arrodillada en el suelo entre mis piernas y me cogió el pene con una mano masajeándolo arriba y abajo mientras con la otra jugaba con mis testículos. La sangre no tardó mucho en bajar y hacer crecer aquello que Cristina masajeaba con tanto arte, entonces ella se agach& haciendo que fuera entrando dentro de ella muy despacio.Cuando la tuvo dentro del todo se inclinó y me metió la lengua en la boca mientras rítmica y pausadamente movía su cintura arriba y abajo haciéndome notar todo su calor en mi polla. Puse mis manos en su cintura para ayudarla en el movimiento y hacer entrar mi miembro más adentro cuando la apretaba contra mí. Siguió moviéndose sobre mí acelerando poco a poco el ritmo y sin parar de comernos la boca el uno al otro. Luego se incorporó y apoyó sus manos en mis rodillas para cambiar el tipo de movimiento, ahora lo hacia adelante y atrás, más tarde de forma circular y luego volvía a empezar mientras yo le acariciaba pechos, estómago y cintura o le metía uno o dos dedos en la boca para que los chupara. Cristina era increíble, además de una cara angelical y un cuerpo espectacular me estaba haciendo sentir un placer hasta entonces desconocido para mí.Al cabo de un rato volvió a inclinarse sobre mí, me abrazó y me dijo: "Llévame a la cama, pero no salgas de mi", yo le hice caso, me levanté del sofá cogiéndola por el culo y sin sacarla fui por donde ella me guiaba hasta llegar a su cuarto, me puse de rodillas sobre la cama sin soltarla y puse la almohada debajo de ella, de tal forma que cuando la tumbé su cintura quedaba un poco elevada, así la cogí por la cintura y empecé a moverme de nuevo, entrando y saliendo sin parar, ella gemía de placer, los dos estábamos ya bastante sudados lo cual hacía que su cuerpo brillase con la luz que entraba por la ventana y me pareciera más linda aún si cabe. No tardó mucho más en comenzar a temblar de nuevo y tener su segundo orgasmo de la tarde, me dio la sensación de que este fue aún más fuerte porque ella quedó como en trance y tiritando mucho más que antes, yo seguí entrando y saliendo unos segundos más lo más rápido que podía hasta que al fin vacié mi leche dentro de ella. Caí exhausto a su lado, la abracé, la besé de nuevo y nos quedamos largo rato tumbados y abrazados en la cama recuperándonos.Pasada aproximadamente una hora en la que alternamos besos, caricias y charla nos dimos una ducha, más tarde nos preparamos algo de cenar y nos fuimos a la cama. Después de hacer el amor toda la noche llegó la hora de volver al trabajo, así que nos vestimos de nuevo y cogimos el autobús.Y hasta aquí la historia de como conocí a Cristina, la chica del autobús y de cómo me hizo conocer el límite del placer.