Esta historia es verídica y fruto de una página de contactos. La realidad es que no sabía lo que me había llevado a esta situación, sin duda era el morbo y una sensación de miedo y excitación. Estaba en una calle del Barrio Gótico de Barcelona esperando a Inma una chica de Málaga de 33 años, al menos eso es lo que me había dicho y la creía.Mientras caminaba hacia nuestro lugar de encuentro toda una serie de sensaciones recorrían todo mi cuerpo, aunque era evidente donde se almacenaba mi sangre. Al fin llegué a la puerta del restaurante, en la puerta vislumbré una silueta, allí estaba ella, su descripción era muy aproximada en la realidad, pelo castaño rizado con media melena, estatura media, curvas pronunciadas y complexión fuerte. Tímidamente pronuncié su nombre y se giró, entonces vi su atractiva cara, con los labios carnosos como me había dicho en nuestras conversaciones. Me dio dos besos en la mejilla y escuché su cálida voz. Iba vestida con una falda hasta la rodilla, un suéter oscuro y tacones que realzaban su silueta.Entramos y mientras nos tomábamos el aperitivo empezamos a hablar de cosas intrascendentes, me preguntó si había cumplido el trato y le dije que sí, ella me dijo que tampoco llevaba nada, y es que ese el trato que habíamos hecho por teléfono después de conocernos en el Chat había sido un encuentro Sin, es decir sin ropa interior. Pese a ello, le dije que era muy astuta porque tras un suéter holgado era complicado entrever sus pechos. Me dijo que la situación le excitaba enormemente yo le dije "tu puedes disimular, pero yo no".Al acabar de cenar salimos y ella sonreía sin parar, yo me tenía que meter la mano en el bolsillo y agarrar mi miembro para disimular bajo ese pantalón de algodón negro que llevaba mi enorme erección. Habíamos estado dos horas cenando y el tiempo había pasado muy rápido, caminábamos por las Ramblas y por suerte mi pene volvió a una estado de semi erección que notaba al moverme con el roce del pantalón. Después de llegar a la Plaza Cataluña, paramos y me dijo al oído, te lo voy a decir yo porque veo que no te lanzas....llévame a tu casa que no aguanto más, entonces tuve que meter de nuevo mi mano en el bolsillo.Tomamos un taxi y no articulamos palabra, en el segundo semáforo noté que su mano se metía en mi pantalón y empezó a acariciar mi pene disimuladamente, me susurró de nuevo "quiero vicio Pedro", no pude aguantarme y rocé con mi mano sus pechos a pesar del incómodo retrovisor del taxista que nos miraba.Parecía interminable, pero llegamos, le dejé al taxista una propina inesperada: "Quédese con el cambio" y después de andar unos metros nos paramos y nos besamos. Nuestras lenguas estaban húmedas y calientes y su contacto hizo explotar otros jugos, apreté mi cuerpo contra la puerta de entrada para que notara mi sexo y ella abrazó con sus manos mi culo y apretó más.En el portal ya a salvo de las miradas indiscretas continuamos con nuestro juego, recorrí con mi lengua su cuello y por fin levanté el suéter para ver sus pechos que me esperaban y que imaginaba desde hacía días, metí mi cabeza y empecé a juguetear con sus pezones duros, eran como gominolas y yo era un niño hambriento. Sus manos se metieron por detrás y empezaron a tocar mi culo y apretaban mi pelvis contra la suya, le gustaba que le rozara con mi polla y eso la hacía estar más y más dura. Una vez en mi piso, al rellano y entramos rápidamente a mi apartamento.Cerré la puerta y contra la pared la besé mientras le levantaba la falda y mi mano escalaba sus piernas, su piel era suave y la cara anterior de sus muslos estaba mojada de flujo, cuando llegué a su coño estaba empapado y caliente, lo empecé a masajear con mis dedos.......ella me decía: Pedro estoy terriblemente cachonda, sabes que soy muy viciosa y que es lo que necesito, ¡no me hagas esperar más por favor! Con pasión nos íbamos quitando la ropa sin orden, rápido hasta que nuestros cuerpos estaban desnudos uno frente al otro, estábamos en el salón y se sentó en el borde del sofá con las `piernas abiertas dejándome ver su vagina casi sin vello. Mi cabeza se adentró entre sus piernas y empecé a comerle su entrepierna, yo creo que nada más mi lengua tocó el clítoris tuvo el primer orgasmo, pero seguí hasta que mi lengua no pudo más y sus gemidos iban a despertar a medio vecindario.Se levantó y me sacó la lengua de forma viciosa para que la siguiera, fue hasta la cocina, abrió la nevera y buscó líquido, bebió sedienta, se puso de espaldas y abrió sus piernas dejando su vulva a mi vista, el frío de la nevera abierta le había puesto sus pezones duros y cuando se los tocaba con mis manos gemía de dolor, guié mi miembro recubierto con su preservativo hasta su cueva y ella se apoyó en la nevera mientras mi polla entraba suavemente por la lubricación y se acomodaba en su vagina caliente, entonces empecé a moverme guiado por mi instinto, ella gemía débilmente hasta que yo empecé a arremeter con fuerza sin parar y sin compasión, los gemidos se convirtieron en gritos contenidos, que acabaron en un orgasmo increíble.El cansancio nos hizo ir a la cama y allí una chica viciosa como ella no pudo contenerse y tuvo que limpiarme la polla con su lengua y después con una toallita de bebé. Después se tumbó hacia arriba desnuda como estaba y plácidamente se fumó un cigarro mientras hablábamos....me levanté le ofrecí un yogurt con mermelada para reponer fuerzas y sin dudarlo me dio un beso con sabor a melocotón y volvimos a la cama, recordamos nuestro encuentro y le confesé que la había tenido dura toda la cena, ella me dijo que había llegado a un estado que al ir al lavabo en el restaurante tuvo que limpiarse la entrepierna para no mojar la falda.Mientras hablábamos nos íbamos excitando de nuevo y al empezar a acariciarnos, nuestros líquidos empezaron a emanar y con una nueva goma probamos varias posiciones para penetrarnos hasta llegar a un nuevo orgasmo y acabar extasiados de placer. Por la mañana después de la ducha cada uno se fue a su trabajo y ella regresó a Málaga por la tarde, yo me masturbé aquella noche pensando en ella y en el próximo encuentro.