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La sex-cretaria eficiente
La sex-cretaria eficiente
Escrito por
marqueze
el 10/1/2008, a las 21:23
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Categorías:
A Primera Vista
,
Heterosexuales
Siempre he sido un jefe ejemplar con mis secretarias: trato cordial y amistoso pero a la vez respetuoso. Sin embargo, con Lucía todo fue distinto, descontrolado, apasionado. Os explico la historia de mi relación con esta magnífica sex-cretaria y como empezó todo.

Quedó vacante la plaza de secretaria personal mía. Como alto ejecutivo de una gran empresa esta plaza significaba llevarme la agenda, atender mis compromisos y acompañarme en mis reuniones y viajes, incluso comidas y cenas. O sea, máxima confianza.

La secretaria que hasta entonces había desempeñado el puesto se casaba a sus treinta y seis años. Yo tengo cuarenta y cinco. Había estado conmigo los últimos ocho años, pero jamás había ocurrido nada entre nosotros.

Aquella mañana había entrevistado a seis candidatas cuando entró la última, Lucía, con sus veintitrés años, falda corta y blusa a juego, chaqueta en mano, mirada inteligente pero juvenil y un cuerpo extraordinario. La contraté. Mientras la entrevistaba ella sonreía simpáticamente, su voz era suave y melodiosa, su blusa blanca semiabierta dejaba entrever unos senos grandes, duros, redondos. Recuerdo que se me puso dura mientras conversábamos.

La primera semana todo ocurría en mi mente. Incluso me levanté de la cama un par de noches, dejando a mi mujer durmiendo, para masturbarme pensando en Lucía. Pero llegó el primer viaje. Un negocio importante en Brasil nos llevó hasta un precioso hotel en Bahía. Y allí empezó mi suerte.

En recepción nos informaron que por un error nos habían adjudicado una habitación de matrimonio. Habíamos hecho confianza Lucía y yo, pero la situación parecía algo embarazosa ya que no quedaba ni una sola habitación más libre y nuestra base de operaciones la habíamos establecido precisamente en aquel lujoso hotel. Lucía tomó la iniciativa y aceptó el envite con una sonrisa.

Cansados del viaje decidimos cenar y subir a la habitación para estar en forma al día siguiente. En la cena yo no me atreví a hacer ningún comentario sobre la situación que viviríamos aquellas noches al dormir en la misma habitación, pero me debatía entre las ganas de experimentar aquello y el temor a estropear una relación que para mí era tan profesional como agradable y excitante.

Cuando llegamos a la habitación nos dedicamos a ordenar ropa y efectos personales, hacer comentarios sobre la jornada de trabajo del día siguiente y poca cosa más. Entonces Lucía me dijo que si tenía pensado ducharme ella aprovecharía para hacer un par de llamadas desde su móvil.

Así lo hicimos. Yo en la ducha no podía pensar en otra cosa que en el cuerpo de aquella hermosa mujer que me acompañaría en la cama como una tentación irresistible.

Me metí en la cama con unos calzones deportivos y una camiseta blanca que favorecían mi cuerpo atlético y bronceado. Fingí que leía algo mientras ella se duchaba.

Cuando salió del baño casi me da algo. Un tentaciones rosa transparente dejaba ver unos senos grandes, redondos, turgentes. Su vientre de Venus, unas caderas dibujadas para el sexo. Un diminuto tanga blanco dejaba adivinar un chochete rapadito, suave. Su piel era fina y de aspecto sedoso.

-No tengo otra cosa que ponerme para dormir. Es que como no pensé que se daría esta situación - me dijo con un tono tímido.

-No te preocupes por mí. Estás divina así - le contesté intentando aparentar naturalidad obteniendo una pícara sonrisa de su parte.

Se metió en la cama, pegada al lado derecho. En aquellos instantes no sabía que decir para no parecer un jilipollas. La cosa es que a los diez minutos parecía que se había dormido. De repente se giró, dormida, y se acercó hacia mí, que estaba boca arriba y con la almohada doblada, sin poder reprimir la excitación.

En un segundo movimiento se me abrazó. Mi erección ya era total. Y con otro movimiento que aparentaba ser distraído, pasó su antebrazo por encima de mi verga. Casi me da una descarga eléctrica. Yo dudaba si estaba lo suficientemente dormida como para que no se percatase de mi estado de excitación, cuando de repente se metió debajo de las sábanas, tomó con delicadeza mi pene, lo sacó por debajo de los calzones y se lo metió lentamente en su jugosa y caliente boca. Lo chupaba con deleite, se lo metía y sacaba y lo relamía con la lengua como una maestra de la felación.

Yo estaba alucinando pero sentía tanto gusto con la chupada y tanta felicidad por que se había caído el muro que me relajé y me dediqué a disfrutar y dejar que ella fuese avanzando.

Con una mano tomó la base de mi poya que estaba durísima mientras la ensalivaba una y otra vez con su boca. Sin darme cuenta me estaba masajeando el ano con sus dedos y eso me excitó mucho. Aceleró el ritmo de la chupada y la fuerza de las succiones hasta el punto en que a punto de correrme me metió un dedo por el ano hasta tocar la base interior de mis testículos. Ya no podía más y con un gemido irrefrenable me llegó un orgasmo intensísimo y largo, ¡pero sin correrme!

Nunca me habían hecho algo así. Aquella era mi secretaria, Lucía, voluptuosa pero al tiempo recatada, cariñosa pero distante. Y de repente se había convertido en la chupapollas más increíble que jamás hubiese podido soñar.

Ella se incorporó sin decir una palabra. Encendió la luz y se quitó la ropa. Cuando pude ver su desnudez no tuve ninguna duda que aquella mujer sería para mí por siempre. Me desnudó con habilidad mientras nos besábamos y nos dedicábamos a un duelo de lenguas. Cuando le acaricié su vulva la tenía tan suave y mojada que casi me corro de sobreexcitación. Toda depilada.

Entonces se sentó encima de mí y tomó de nuevo la iniciativa.

-Me vas a follar porque soy tu puta particular. Estoy cachonda desde el primer día que te vi. Me has puesto caliente tantas veces que ahora te tengo que destrozar de sexo - lo decía con lujuria. Yo le olía su perfume especialmente provocador.

Cogió mi pene y se lo metió en su coño. A partir de ahí se movió como una diosa. Me volvía loco. Ella gemía más y más y repetía "me estás follando, me estás follando".

Su ritmo se aceleraba por momentos, yo ya la tenía agarrada por las caderas.

-Así, así, fóllame, fóllame. Me voy a correr, esta poya tuya me pone loca. Me voy a correr... me corro, me corro, ah, ah, aaaaaah - Se corrió salvajemente, arañándome, pegándome, estrujándose las tetas, gritando. Estaba fuera de sí.

Yo estaba tan metido en la faena que sin darme cuenta tampoco me corrí por segunda vez. Entonces decidí que ya me tocaba pasar a tomar el mando. La desplacé a un lado, la puse de cuatro patas, le abrí las piernas, le ensalivé su sonrosado y apretadito ano de una pasada, y agarré mi aparato que estaba más tieso y grande que nunca y se lo metí de una embestida.

Ella gritó, imagino que entre dolor y gusto, pero yo ya estaba follándomela por el culo con fuerza.

-Ahora me toca a mí correrme - le dije.

-Me gusta, me gusta, así, así, fóllame mi culo, es todo para ti, así, más fuerte, así, que gusto. Ah, ah, aaaaah. Que grande y dura la tienes. Sigue, sigue, sigue.

Estábamos desenfrenados totalmente. Yo se la metía y sacaba con mucha energía y ella no paraba de gemir y retorcerse de gusto. Su culo buscaba mi pene y lo apretaba.

Después de unos minutos dale que te pego ella se volvió a correr. Estaba increíblemente excitada. Yo también y esta vez con ganas de correrme, así que cuando ella se corrió yo no paré y continué metiéndosela por aquel culo maravilloso.

-Quiero que te corras, córrete por mi culo que será todo para ti cuando lo quieras - me dijo con voz temblorosa por el gusto que ella también sentía.

Entonces me llegó. Cuando ella notó que me iba a correr me la sacó de su culo y se la metió en la boca hasta la garganta. Me la succionaba y chupaba al mismo tiempo que yo me corría. Todo mi semen dentro de ella. Me corrí con una fuerza insospechada. Me sacó hasta la última gota de leche y me dejó la polla completamente limpia. Estaba extenuado y satisfecho como nunca. Los dos desnudos, nos dormimos ella abrazada a mí y agarrándome el pene.

Por la mañana, temprano, me despertó una estupenda sensación. Ella se había despertado ya y me la estaba chupando de nuevo, pero esta será mi siguiente historia con Lucía.

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