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La discoteca para maduras
La discoteca para maduras
Escrito por
mujercita
el 2/2/2008, a las 05:16
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Categorías:
Maduras
,
Infidelidades
,
Heterosexuales
El relato que vais a leer, lo escribo porque me satisface que todos los que lo lean vean aunque sea un poco como me siento.

Digamos que me llamo Lola, tengo 48 años, estoy casada y tengo un hijo de 17 años. Mi marido es marinero y pasa más de la mitad del año embarcado, así es que tengo mucho tiempo libre, pues yo no trabajo y demasiado también para pensar en muchas cosas y, entre ellas el sexo. Con mis amigas, unas solteras y otras separadas solemos salir algunos días a tomar algo, nos contamos nuestros deseos sexuales, pues todas somos bastantes cachondas aunque más bien discretas. Descubrimos en nuestras salidas una disco para maduros, pero que suelen ir muchos chicos jóvenes buscando carne madura.

Allí nos poníamos bastante calientes, y en algunos casos dábamos a nuestros deseos la salida oportuna, porque cuando nos sacaban chicos jóvenes a bailar, al rato ya nos estaban disimuladamente apretando hacia sí, de modo que sentía entre mis piernas sus enormes y erectos penes que parecían que querían penetrarme a través de mis ropas (mis amigas también se sentían así), por ello no era raro que alguna de nosotras terminara en el auto de uno de ellos sobado y sobando y en algunas ocasiones incluso penetradas en el mismo auto. Tengo que decir que yo particularmente llegué a masturbar en la misma pista de baile a alguno, en la penumbra, porque no podía resistir por más tiempo tanto magreo.

También tengo que decir que me he vuelto adicta a estas prácticas, me enloquecen y me encoño con los chicos jóvenes, cuando alguno me gusta no dejo que se me escape entero, lo disfruto, me gusta tocar sus penes grandes, erectos, duros y calientes.

Cada vez nos estamos volviendo más putas y adictas. Empezamos yendo a esas discos una vez a la semana, ahora no menos de tres. Las noches que no voy me masturbo en la soledad de mi habitación pensando en el último que me haya satisfecho.

Solemos cambiar de chicos, pero yo llevo algo más de un mes con uno muy joven, el dice que tiene 19 años pero yo creo que es algo menor, me gusta todo de él, desprende un toque salvaje que me alucina, es mentalmente mucho más mayor de su edad física. La primera vez que bailamos pegados y sentí "aquello" pegado a mi cuerpo, me corrí; él debió notar mi estremecimiento y me dijo que saliéramos, le seguí como una hembra en celo a su macho, ni siquiera me despedí de mis amigas, normalmente lo solemos hacer, para saber donde estamos en cada momento; los metros desde la pista a la puerta de salida se me hicieron larguísimos, él iba delante, yo detrás como una perra. Ya fuera me tomó de la mano, y me dijo:

- ¿Tienes el coche por aquí?

No lo tenía, habíamos venidos en el de mi amiga, él no tenía. Dimos un giro sobre la esquina de la disco, nos acomodamos en un portal, me besó salvajemente, yo estaba tonta, entregada, me daba igual que me vieran, el lugar era discreto, de poco paso y no muy iluminado, pero de todas formas nos podían ver, pero yo no pensaba en eso. Sacó su enorme instrumento y me hizo que lo tomara con mi mano, me sentí como una primeriza, me estremecía y en mi calentura extrema se lo apretaba.

En mi mente solo había una idea: fóllame, fóllame; pero no me atreví a decírselo, aunque no era la primera vez, me tuve que reprimir, no quería llevar la iniciativa. Se lo estaba masturbando suavemente, no se la podía abarcar con una sola mano, y mientras de mi coño no dejaba de destilar líquidos ¡estaba tan caliente!. Mientras nos besábamos, me abrió el abrigo, me subió el suéter y sacó mis pechos, grandes, duros y con el pezón especialmente turgente y sensible. Me los succionaba con maestría. Mientras yo le decía:

- ¡Chúpamelos, chúpamelos cariño!. Tenía perdido el sentido y casi no pensaba lo que decía.

Me tomó de la cabeza y me la llevó a su nabo. Quise pasarle la lengua suavemente por su capullo, pero mi ansia me lo impidió, abrí la boca y me metí lo que pude en mi boca, el empujaba y yo tenía las mandíbulas casi desencajadas, como pude le fui haciendo una paja con la boca, no me cabía, era la más grande de cuantas había tenido a mi disposición. Lo sentía al borde de correrse, pero yo no quería que terminara tan pronto. No pude aguantar más y le pedí que me follara.

Me apoyé en la pared del portal y me levanté la falda, apartándome la braga, pero me pidió que me las quitara, me puso las manos en el coño con las bragas puestas y mojadas y le dije:

- Así me pones tú.

- Quítatelas por favor, me pidió, de nuevo...

Me las quité y las cojió, me limpió el coño con ellas y se las guardó en el bolsillo-las quiero de recuerdo, me dijo.

- Si, cariño quédatelas.

Me subió una pierna y apoyó su enorme falo a la entrada de mi coño, limpio por fuera, pero lubricadísimo por dentro, apretábamos los dos. Sentía aquello tan gordo y caliente abrirse paso por mi vagina. Perdía la visión, la vista se me nublaba, tenía que aguantar las enormes ganas de mis gritos mordiéndome los labios, y a duras penas lo conseguía.

- Espera, espera, le dije.- Follame por detrás, pero no te corras dentro, por favor, que me puedes dejar embarazada.

Me agaché y le ofrecí todo mi coño entero, le tomé el nabo y me lo conduje a la entrada.

Me bombeaba con fuerza.

- Así cariño, así.- Cógeme las tetas, apriétamelas.

Sentía sus embestidas en lo más profundo de mí, entera, entera, me llega hasta el vientre, la sentía tan arriba. Yo quería gritar como una loca. ¡Me corría, me corría!

- ¡Sigue, sigue!, le decía, ahora si gritando, no me importaba nada...

- ¡Ah, ah...no te corras dentro!

No paraba de tener un orgasmo tras otro, era un autentico semental y sabía como darle a una puta calienta como yo. Sentí que sus movimientos eran más profundos y rápidos y su respiración más profunda, él estaba a punto de correrse, me daba pena sacársela, pero le dije:

- Espera amor que te termine...

Me levanté de la postura en que tan bien me había follado y me puse de cara a él, se la tomé con mi mano, pero con su capullo pegando a mi coño y lo masturbé en dos o tres vaivenes lo tenía gritando de gusto...

- ¡Córrete, córrete, cariño!

El semen corría por mis piernas como si de un grifo abierto se tratara.

- ¿Que vas a hacer con mis bragas?, le pregunté.

- Esta noche me haré una paja con ellas.

- ¿Pero todavía te quedarán ganas?- Si, me contestó...

- Cariño, le respondí, cada vez que quieras yo te la haré.

- ¿Estás separada? me preguntó.

Fui sincera, le contesté que sí, pero antes que pudiera poner algún reparo le dije:

- Pero estaré siempre dispuesta para tí

- ¿Pero, y tu esposo?

- Ahora no está aquí, está de viaje, pero cuando venga también seré para tí cada vez que tú quieras.

Nos besamos apasionadamente y nos fuimos para la disco, abrazados como dos amantes. Aun llevaba los pechos fuera del sujetador y con el suéter subido, eso sí con el abrigo cerrado, me encantaba sentirme medio desnuda en su presencia.

- Espera, le dije, este es mi teléfono, llámame mañana...

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