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Follando en la costa
Follando en la costa
Escrito por
marqueze
el 2/2/2008, a las 04:49
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Maduras
,
Heterosexuales
Hola a todos. Me llamo Pedro, y os voy a contar mi historia con Nati, una mujer con la que disfruté enormemente y que supuso mi primera experiencia con una mujer madura. Desde entonces las mujeres maduras son mi debilidad, y siempre que puedo estar con una no desaprovecho la ocasión, como ya os he contado en otros relatos.

Ahora tengo 30 años, soy moreno, ojos verdosos, mido 1,82 mts. y peso 79 Kg., delgado y soy lo que las chicas dicen un tío guapote, así que nunca he tenido demasiados problemas para ligar. En la época en que suceden los hechos que voy a contar, tenía 23 años y hacía mucho deporte, con lo que mi cuerpo estaba mejor que ahora.

Como os he dicho, tenía 23 años, estábamos a finales de junio y me quedaba una asignatura para terminar mis estudios. Pensaba pasarme el último verano de estudiante lo mejor posible, así que en lugar de buscarme curro sirviendo copas como había hecho otros veranos, me dediqué a disfrutar durante julio y agosto, y a preparar esa asignatura para septiembre.

Mis padres tienen un apartamento en la costa, en Oropesa, y allí me fui, con mis padres y mi hermano (5 años menor), a pasar los dos meses de verano. Para los que no conocéis Oropesa os diré que un pueblo turístico, con muchos apartamentos en la playa, que en verano se llena de turistas. Esto a un chico guapete y joven como yo (modestia aparte) le da innumerables opciones de ligue, y tanto es así que durante esos meses de verano me he enrollado con numerosas tías de todo tipo, rubias, morenas, españolas, extranjeras, solteras, con novio (incluso a la novia de algún amigo), pero hasta ese verano a ninguna madurita.

Durante la semana mi padre iba a trabajar todos los días (vivimos en pueblo cercano a poco más de 30 minutos) y no volvía hasta la noche, mientras que mi hermano (excepto tres semanas en Inglaterra), mi madre y yo quedamos en el apartamento.

Entre semana yo solía ir a la playa por la mañana, a veces con mi madre y a veces con amigos, para luego ir un rato a la piscina hasta la hora de comer. Por la tarde, yo estudiaba hasta las 6 o así, en que iba otra vez a la playa, hasta la hora cena. Y por la noche, pues según el plan que tenia con mis amigos, aprovechaba para salir o me quedaba estudiando. Los fines de semana venía mi novia a quedarse al apartamento, con lo que ya no había estudio y me limitaba a ir a la playa, salir de fiesta y dormir.

Y fue un día antes de la cena, al volver de la playa, cuando la vi por primera vez. Una mujer bastante normal, de unos 40 años. No era guapa, pero si me pareció sexy. Llevaba un vestido cortito de verano, con tirantes, que dejaba ver unas bonitas piernas y un escote muy sugerente, que al agacharse permitía ver casi por entero sus pechos, bastante grandes. Estaban ella y los que supuse eran su hija y su marido, bajando numerosas bolsas de comida, maletas, etc. y entrando al portal de marras, nos presentamos, Nati la madre, Alberto el esposo y Elena la hija.

No fue más que deshacer la mini-maleta de fin de semana nos fuimos a la playa. Allí fuimos ver a mis padres, y justo al lado estaban Nati y Alberto tumbados al sol. Entonces pude apreciar su cuerpo solo cubierto por un bikini, y me di cuenta de que realmente estaba muy bien para la edad que yo suponía que tenía. Vi unas tetas bastante grandes, como ya había intuido la noche anterior. Apenas un poco de tripa, y unos muslos que todavía se apreciaban duros y en su sitio. Al oírme hablar con mis padres se giraron y aproveché para presentarles y decirles que eran nuestros nuevos vecinos. Mi novia y yo nos fuimos a dar una vuelta por la playa mientras mis padres se quedaron charlando con Alberto y Nati.

Durante la comida mi madre me comentó que eran muy simpáticos los nuevos vecinos, y que habían quedado con ellos para ir a la playa por la tarde. También me enteré entonces de que Alberto solo tenía vacaciones durante 15 días a mediados de agosto, y que durante julio y parte de agosto solo iría los fines de semana, quedando Nati y Elena solas en el apartamento.

Para no hacerlo demasiado largo os diré que durante la primera semana mi madre y Nati bajaban siempre juntas a la playa y se hicieron bastante amigas. Incluso algún día en que su hija no estaba (enseguida hizo amigas y estaba siempre con ellas) vino a comer a casa. También había coincidido con ella algún día al ir a comprar el pan y volvíamos charlando muy animadamente, ya que era realmente simpática. Posteriormente me ofrecí a llevarle el pan, ya que yo iba todos los días a por el, y de este modo cada día iba a su casa por la mañana a darle el pan, lo que me permitía verla en ropa de "estar por casa", que en verano es muy escasa. Siempre llevaba una camiseta ancha y larga, o bien con un vestido de tirantes cortito, de manera que podía observar sus piernas, y algunas veces que iba sin sujetador notaba sus pezones a través de la tela.

El desencadenante de lo que sucedió luego fue un día en que mi madre se había ido a nuestra casa (la de invierno) y mi hermano tampoco estaba, quedando yo solo en casa. Como todos los días fui a por el pan y después a llevárselo a Nati.

- Hola Nati, buenos días, aquí tienes el pan, dije yo cuando me abrió la puerta.

- Hola Pedro, gracias. Que tal? Hace mucho calor?

- Pues la verdad es que si. Creo que hoy va a hacer un día agobiante. Será cuestión de ponerse a remojo.

- Si. Dile a tu madre que en media horita paso por casa y nos vamos a la playa.

- Mi madre no está. No vuelve hasta la noche. No te lo ha dicho?

- Pues no, no me dijo nada. Vaya, iré sola a la playa. ¿No quieres venirte conmigo?

Algunas veces yo iba con mi madre y Nati a la playa, y estaba un rato con ellas sentado en la hamaca y leyendo un libro mientras nos tostábamos al sol. Y la verdad es que ese día me apetecía ir a la playa, ya que hacía muchísimo calor. Así que le dije que si.

- Vale. Vamos a la playa, le dije - Te espero en mi casa.

- De acuerdo. Dentro de un rato paso a buscarte. Así hoy podré presumir de pareja y seguro que soy la mujer más envidiada de la playa, con un chico tan guapo de pareja, dijo riendo.

- Jajajajaa, ya será menos. Bueno, te espero bajo. Hasta ahora.

- Hasta ahora guapetón.

Me fui a mi apartamento a esperar que bajase Nati, mientras pensaba en lo que había dicho, y mi imaginación volaba. Tenía que ser una broma. No puede ser que se me haya insinuado. A los pocos minutos bajo Nati y ambos emprendimos el camino hacia la playa. Muy caballeroso yo cargué con todos los trastos, y al llegar a la playa plantamos la sombrilla y las tumbonas. Quedamos en segunda fila, ella me pidió si le frotaba crema solar por la espalda, sin dudar comencé la tarea, le frotaba la parte alta de la espalda y los hombros, incluso apretando un poco, a lo que ella lanzó un pequeño gemido y dijo:

- Ummm, que bien me iría un masaje relajante.

- Pues si quieres luego te puedo dar uno, dije lanzándome a por todas

- ¿Sabes dar masajes? Pues esta tarde no te libras de darme un buen masaje, que tengo la espalda fatal del colchón del apartamento.

Viendo que a Nati también le gustaba mi atrevimiento, aunque sin tener nada claro hasta donde podría llegar, le dije:

- Vale. Después de comer, antes de la siesta te daré un masaje, pero a cambio quiero que me invites a comer, que así no tengo que prepararme yo la comida.

- Perfecto. Prepararé algo ligerito para comer. Además yo también estoy sola para comer, ya que Elena se ha ido a pasar el día a la villa de una amiga y no volverá hasta después de cenar.

La situación era la ideal. Iba a comer en su casa, con ella sola, sin su marido ni su hija, y quería que después le hiciese un masaje. Esa tarde iba a comprobar si realmente ella estaba dispuesta a que pasase algo o simplemente es que estaba jugando conmigo.

Terminé de ponerle crema solar por toda la espalda, llegando hasta su culo, pero sin atreverme a tocarlo, y acercándome levemente a sus pechos por el costado. Ella no hizo nada, aunque tampoco quise forzar la situación. Después le dije que me tocaba a mi, y ella, tras pedirme que le abrochase la parte de arriba del bikini, se incorporó y se dedicó a darme cremita por la espalda, mientras yo tumbado ocultaba mi erección.

Pasamos el resto de la mañana tumbados al sol y bañándonos en la playa, hasta hacia la 1 del mediodía nos fuimos al apartamento. Al llegar nos bañamos en la piscina unos minutos y subimos a cambiarnos. Cada uno fue a su casa, y yo le dije en cuanto estuviese cambiado subiría a su apartamento a comer.

Me cambié rápidamente y me puse otro bañador, una camiseta y unas chanclas. Subía su casa y Nati me abrió vestida con un vestidito de verano muy fino que dejaba apreciar sus pezones marcados sobre la tela, indicando que no llevaba sujetador. Pasé y estuve ayudándola en la cocina a preparar la comida: una ensalada de primero y unas sardinas a la plancha para segundo. Mientras lo hacíamos hablábamos de cosas sin importancia, y teníamos algún que otro roce de manos o de un cuerpo con otro, ya que la cocina es pequeña. Además en su apartamento, como era de alquiler no tenía aire acondicionado, con lo que el calor era insoportable.

- Hace un calor horrible aquí.

- Si, la verdad es que hoy hace mucho calor. Quítate la camiseta así estás más cómodo.

- Vale, dije quitándome la camiseta

- Y tú también te la puedes quitar si tienes calor, jajaja, -dije riendo.

- Claro, mira tu que espabilado, o es que no te has dado cuenta de que no llevo bikini? contestó riendo ella también.

- Vale, vale, como quieras, solo era una sugerencia.

- Ya, ya, que hoy en día los jóvenes estáis muy espabilados.

- Oye, que tampoco soy tan joven, protesté.

- Cuantos años tienes?

- 23, y tu?

- Yo casi te doblo. Tengo 41.

- Pues no los aparentas. Te conservas muy bien.

Ella se echó a reír y me dijo que era un adulador y sabía tratar muy bien a las mujeres, pero que seguro que estaba mintiendo. Yo le contesté:

- Que va, que no. Te lo digo en serio. Te conservas estupendamente para tu edad.

- Bueno pues, gracias. Voy a creerte, y a pedirte que me lo digas de vez en cuando, que me alegra el día que digan esos piropos.

Nos sentamos a la mesa a comer y continuamos hablando, ahora de la juventud, y ella me preguntó que tal con Ana (no es su nombre real) le respondí que estaba muy a gusto y ya llevábamos saliendo más de dos años. Terminamos de comer y nos sentamos al sofá del comedor a ver la tele mientras tomábamos un café con hielo.

Ella hizo un gesto de dolor en el cuello y me recordó que le debía un masaje. Deje mi café sobre la mesa, y girándome de lado sobre el sofá puse mis manos en su cuello y empecé a masajear. Por segunda vez ese día podía sentir su piel bajo mis manos, y esta vez en la intimidad de su piso, sin un montón de gente a nuestro alrededor como en la playa. Mi erección fue inmediata, y se hizo muy patente debajo del bañador, que por otra parte era lo único que llevaba. En un arranque de atrevimiento y lanzándome a por todas le dije:

- Así es muy incómodo. Podrías echaré en el sofá y te lo haría mejor.

- Espera un segundo, dijo mientras se levantaba para tumbarse.

- De paso podrías traer algo de aceite o crema.

- Bueno, voy a ver que tengo en el baño, dijo mientras salía del comedor. Yo aproveché para terminar el granizado y ver si el frío me bajaba la calentura.

Al poco tiempo regresó con un bote de leche corporal y se tumbó boca abajo en el sofá.

- Es lo único que tengo supongo que servirá

- Si, está bien.

Le aparté el pelo hacia delante, dejando su nuca despejada y comencé a masajear de nuevo sus hombros y la parte alta de la espalda. A medida que duraba más el masaje ella se relajaba y respiraba más profundamente. Cuando comencé a bajar para masajear la parte media y baja de la espalda, mis manos se enganchaban con el vestido, dificultándome el masaje, así que muy despacio y con voz suave y sensual le dije pegando mi boca a su oído:

- Nati, así me es muy difícil llegar más abajo, ¿porque no te quitas el vestido?

- Si, así estaré más cómoda, y total, tampoco verás nada más que en la playa. Ayúdame quitarme el vestido sin levantarme.

Os podéis imaginar la situación. Una mujer bastante mayor que yo, casada y con una hija, estaba casi desnuda delante de mí esperando que le diera un masaje. Yo había estado con más tías antes, pero todas de mi edad, y una situación así solo la había imaginado. Me encontraba empalmado como un burro, y casi seguro de que me iba a follar a esta tía, aunque quería ir poco a poco. Cogí su vestido desde abajo y empecé a levantárselo mientras ella elevaba su cuerpo para que pasase el vestido por debajo. Ante mi fue apareciendo su cuerpo poco a poco, sus impresionantes muslos rematados por su culo, solo cubierto por un bañador y luego el resto de la espalda, hasta que el vestido quedo arrugado alrededor de su cuello, y ella terminó de quitárselo. No hace falta que os diga que todo esto lo hice despacio, recreándome, y aprovechando para rozar y acariciar con mis manos su cuerpo, sus muslos, su culo, etc.

- Continua el masaje por favor, que me encanta, dijo con una voz supersensual.

- Claro, ahora sigo -dije poniendo más leche corporal sobre su espalda y comenzando a masajear de nuevo.

Yo continuaba mi masaje, acercándome cada vez más a la parte baja de su espalda y a los laterales de los pechos, sin ningún rechazo por su parte. Mi polla estaba aún más dura que antes y parecía que iba a romper el bañador. La presión de mis manos era cada vez menor, y en vez de un masaje estaba claramente acariciando y sobando su espalda. Entonces dejé su espalda y comencé a masajear las pantorrillas, mientras le decía que iba a darle un masaje integral. Su única contestación fue:

- Haz lo que quieras...

Comencé a sobarle las tetas, aunque no podía cogerlas bien por la situación, así que tras un rato besando su cuello y haciéndole notar mi polla en su culo me levanté y le dije:

- Date la vuelta, Nati.

Ella se dio la vuelta, quedando ante mis dos tetas preciosas, sobre las que me abalancé a chupar. Pasaba de una a otra, chupando, mordiendo, besando. Las sobaba con mis manos y pellizcaba ligeramente sus pezones, que estaban duros como piedras. Su respiración era entrecortada y daba pequeños gemidos. De vez en cuando la besaba en la boca, mezclando nuestras lenguas, le comía toda la boca, el cuello, y volvía nuevamente a sus tetas. Mientras una de mis manos sobaba sus ricos melones, la otra la llevé a explorar sus bajos. Aparté la tela del bikini a un lado y pasé mis dedos por la raja, que estaba mojadísima.

- Aaaaaahhh, gimió Nati al sentir mis dedos sobre su rajita

- ¿Te gusta?

- Me encanta, acaríciame ahí bajo, por favor.

No me lo pensé dos veces y bajé mi cabeza hasta ponerla entre sus piernas, comenzando a chupar ese coño tan espectacular que tenía ante mí. Llevaba el pelo arregladito y tenía unos labios muy grandes, que me entretuve en chupar. Ella empezó a gemir más fuerte y se agarraba a mi cabeza, que dirigía hacia todos los lugares de su coño. Finalmente me llevó sobre su clítoris, y ahí empecé a chupar fuerte, mientras sujetaba su botoncito entre mis labios y lo golpeaba con la lengua.

- Aaaaaahhh, siiii, sigue, que gusto, me voy a correr, sigue, sigue, Ahhhhhhhhhhh, ahhhhhhhh, siiiiiiiiiiiiii, ssssssssssiiiiiiiiiii- mientras sus manos apretaban mi cabeza contra su chochito y sus piernas me estrujaban las orejas. Quedé empapado de sus jugos mientras poco a poco la presión sobre mi cara se hacia más ligera.

- Te ha gustado?

- Me ha encantado...

- Ven, que ahora te toca a ti.

Me sentó sobe el sofá y se puso a horcajadas sobre mí, quedando mi polla aprisionada entre su vientre y el mío. Se puso a comerme la boca, probando su sabor (esto me excitó muchísimo) y siguió lamiendo todo mi cuerpo mientras pasaba sus duros pezones por mi pecho. Lamió mi cuello, mi torso, mordió ligeramente las tetillas y siguió bajando hasta llegar a mi polla, que estaba ya que no podía más. La descapulló mirándola con una cara de vicio increíble, y luego, mirándome a los ojos, se la tragó entera, comenzando a mamarla de un modo fantástico. Me acariciaba el pecho y los huevos, mientras subía y bajaba lentamente con su boca sobre mi polla, con los labios apretados y la lengua jugueteando con mi capullo.

- Si sigues así no voy a aguantar mucho.

Y ella aceleró el ritmo a la vez que jugaba con la lengua sobre el capullo, haciendo que me corriese en su boca mientras me miraba a los ojos.

- Ahhhhhhhhhh, me corro, siiiiiiiiiiiiii, sigue Natiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, ahhhhhhhhhhh sigue.

Os juro que fue una de las mejores corridas de mi vida. Vaciarme en su boca, viendo como ella me miraba con unos ojos de zorrita viciosa increíbles, y sentir como todo mi semen entraba en su boca y se escurría un poco por las comisuras de los labios, ufffff fue total (solo de pensarlo me pongo cachondo)

Entonces dejó de chupar mi polla, todavía bastante dura, y cogiendo un vaso que había sobre la mesa escupió todo el semen en el. Yo estaba exhausto, y en cuanto pude recuperar algo el aliento le dije que había sido fantástico, que me había encantado, y Nati, sonriendo, me dijo:

- Pues ahora será aún mejor.

Volvió a ponerse mi polla en la boca, que ya estaba semi-flácida, y sin llegar a aflojarse del todo, al sentir de nuevo su lengua en mi verga se puso como mástil, se la froté por su vagina lentamente, iba i venía, haciéndola temblar de placer, ella mientras gemía como una loba.

- Aaaahh, como me gusta. Que polla más rica tienes Pedro, aaaaaaaaaaahhhhhhhh.

- Espera, coge un condón de mi bañador, dije yo, que en previsión de lo que pudiese pasar había cogido un par de condones.

- No te preocupes, no lo necesito.

- Entonces venga, necesito follarte ya

- Si cariño, yo también quiero que me folles. Disfrútalo y diciendo esto se dejó caer sobre mi polla, que entró en su chochito como un cuchillo en la mantequilla -Aaaaaaaaaaahhhhhhhh, gemimos los dos a la vez, mientras quedaba ensartada sobre mí.

- Que chochito más caliente. Es la primera vez que lo hago sin condón y me encanta.

- Te gusta? Pues ahora vas a ver como te exprimo, y comenzó a moverse lentamente sobre mi polla

Empezó una cabalgada lenta moviéndose en círculos y arriba y abajo sobre mi polla. Mis manos se agarraban a sus tetas (menudas tetas, y como se movían), pellizcando sus pezones, o bien a sus caderas acompañando el movimiento. En ocasiones ella se tumbaba sobre mí para porrearme o me ponía las tetas en la boca para que pudiese comerlas.

Nati manejaba el ritmo de la follada, y se movía más rápido o más lento según le apetecía. Yo aguantaba bien, en parte gracias a mi reciente corrida que me permitía aguantar más. Mientras me follaba me iba diciendo cosas como "que buena polla tienes", "me encanta como lo haces", "no dejes de sobarme las tetas", "te voy a sacar hasta la última gota de leche", y cosas por el estilo, a las que yo respondía con frases similares.

Llevé una de mis manos a su coño y empecé a masturbar el clítoris mientras ella seguía moviéndose. Ahora aumentó el ritmo del sube-baja y empezó a jadear más fuerte. Yo seguía masturbándola y sobándole las tetas, mientras ella se movía ahora ya, de un modo bestial, con mi polla en su coño y mis dedos en su clítoris.

Notaba que se acercaba al final, así que aumenté el ritmo de mis dedos, y empecé a dar enormes golpes de cadera para que se sintiese penetrada hasta el fondo. Nati saltaba sobre mi polla. Sus tetas eran un espectáculo ver como se movían, y también su mirada entre extasiada y perdida, pero con una sonrisa muy golfa. De repente gimió fuertemente y echándose hacia atrás se corrió entre gemidos de placer y palabras llenas de lujuria, para posteriormente venirse hacia delante y abrazarse a mí.

Permanecimos así unos instantes, pero yo aún no me había corrido, y quería hacerlo ya. Así que sin sacársela, la levanté en brazos y la puse ahora a ella encima del sofá, llevé sus piernas a mis hombros y comencé a follarla muy duro y rápido. Nati se recuperó pronto de su corrida y me animaba a follarla más fuerte.

- Vamos, eso es, fóllame. Métela hasta los huevos, que te quiero sentir muy adentro.

- Toma, te gusta?

- Me encanta. Sigue así hombretón, que vas a conseguir que me corra de nuevo

- A mi me queda muy poco, estoy a punto de correrme, decía mientras mis huevos golpeaban su culo a cada embestida

- Aguanta un poco, que me voy a correr otra vez.

- Casi estoy Nati, me voy a correr, me voy a correr, me corrooooooo, aaaahhh, ssiiiiii, que bueno, que gusto, Ahhhhhhhhh

- Sigue cariño, córrete dentro, eso es, que caliente está tu leche, córrete pero no dejes de moverte, que me queda poco

- Siiiiiiiii, que bueno, que gusto

- Vamos Pedro no pares ahora, por lo que más quieras, decía Nati.

Así que haciendo verdaderos esfuerzos, ya que estaba rendido campeonato mientras acariciaba sus tetas.

Después estuvimos un rato charlando, y me dijo que se había fijado en mí cuando me vio en la playa con bañador y le había parecido muy atractivo, pero que para nada pensaba en que ocurriese nada entre nosotros, por la diferencia de edad y porque yo tenía novia. Pero también me dijo que a medida que pasaba el tiempo se fue dando cuenta de que ella me gustaba, o al menos me atraía, ya que yo no perdía detalle de su cuerpo y aprovechaba para observarla cuando le llevaba el pan o luego en la playa. Y que al quedarnos los dos solos ese día, decidió ver hasta donde estaba dispuesto a llegar.

Yo le conté que me gustaban las mujeres maduras, y ella sobre todo con ese par de tetas y ese cuerpo tan bien conservado me parecía muy sexy, y que lo que había sucedido era un sueño para mí.

También me dijo que no era la primera vez que le ponía los cuernos a su marido, pero que estaba segura de que él también se los ponía a ella. Me preguntó también si yo le había puesto cuernos a mi novia antes, y le dije que si, que alguna vez, incluso le conté algún rollo que tuve con anterioridad, y ella me explicó como se lió con un compañero de trabajo, aunque yo era de lejos el chico más joven con el que había estado, y que le había encantado.

Eran casi las 7 de la tarde, así que nos metimos en la ducha a refrescarnos y limpiarnos. Nos enjabonamos mutuamente y con tanto roce y esmero en limpiar detenidamente ciertas partes nos pusimos nuevamente calientes. Nos besábamos y le comía la boca y las tetas con pasión.

Nati me estuvo masturbando lentamente mientras yo le metía un par de deditos en el coño, hasta que se arrodilló y empezó a mamarme la polla con su gran maestría. Verla allí, de rodillas con mi polla desapareciendo dentro de su boca mientras clavaba sus ojos en los míos y de vez cuando la sacaba para pasarla por sus tetas, era un gran espectáculo.

Al final me senté en la bañera y ella nuevamente se sentó a horcajadas sobre mí para clavarse la polla hasta el fondo y comenzar una lenta follada que nos llevó a ambos al orgasmo.

Tras este último polvo nos duchamos, ahora si para limpiarnos únicamente, y yo me fui a mi casa muy contento y satisfecho.

El resto del verano fue increíble. Por primera vez en mi vida follé un culo. Pasábamos todo el tiempo posible en la cama, incluso un día que su hija se fue a dormir a casa de una amiga le dije a mi madre que me iba a casa de un amigo, y pasé la noche con Nati, en el piso de arriba, follando sin parar. Los días que no estaban su marido ni mi novia siempre encontrábamos un hueco para echar un buen polvo, e incluso alguna vez lo hicimos estando ellos también en Oropesa. Pero eso es otra historia que os contaré.

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