No sé ustedes, pero a mi las consecuencias que tuvo mi divorcio hasta el día de hoy me han afectado. No puedo venir con el cuento de que me había casado con una mala mujer, porque sería una gran mentira. Nos divorciamos simple y llanamente por lo sinvergüenza que yo era, o mejor dicho que sigo siendo. Con decirles que Amanda, mi esposa, es profesora universitaria y para cuando aún estábamos casados, ella ocasionalmente les daba tutorías a algunos de sus alumnos, entre los que había chicas y chicos. Bueno yo que me levanto, como de costumbre sin nada de ropa, fui al baño y al salir tal como estaba me dirigí a la cocina. Aunque Amanda me había peleado un sin número de veces el que yo anduviera así por la casa, ya que nuestra hija pequeña me podía ver, no le hacía mucho caso, la nena tenía apenas unos dos meses de nacida. Estaba sentado en la cocina tomando un trago de café, cuando apareció una de las estudiantes de mi esposa, la chica en lugar de retirarse o taparse los ojos, como si nos conociéramos de toda la vida, tomó asiento frente a mí y me buscó conversación, sin quitar su mirada de mi verga. Yo pensaba irme al dormitorio a vestirme para no escuchar la cantaleta de Amanda, cuando la chica, de la que nunca supe su nombre me dijo. Tu esposa salió con la nena, para el pediatra, cuando yo estaba llegando y me dijo que sí yo quería la esperase o que regresará más tarde, que ella volvía en una hora más o menos. Todo esto me lo dijo, sin quitar sus ojos de mi verga en ningún momento. Lo que me comenzó a excitar de manera bárbara, quizás se debió a que soy un poco exhibicionista. Pero la chica al parecer eso no le molestó en lo más mínimo, ya que con toda su calma seguía viendo mi aparato, hasta comentó. Que gracioso, parece que tiene vida propia. Pero al terminar de decir esas palabras, abrió sus piernas y metiendo una de sus manos bajo la corta falda que usaba, retirando ligeramente sus bragas con sus dedos continuó diciendo. Me parece que quiere conocer mi coño. Eso nada más bastó para que yo me levantase de mi asiento me dirigiera al de ella y retirando la pequeña braga de algodón, me arrodillase frente a su coño y sin perdida de tiempo me pusiera a mamárselo. Cuando levanté la mirada la chica tenía los ojos en blanco, por lo visto nunca le habían pasado la lengua entre sus piernas, por lo menos no como lo hacía yo que, con mis dientes mordisqueaba ligeramente su colorado clítoris. A los pocos minutos la estudiante de mi mujer, la hice disfrutar de un orgasmo distinto, a los que de seguro comúnmente disfrutaba. Me levanté del piso, la tomé por la cintura, introduje mi lengua dentro de su boca, y la apreté contra mi cuerpo. La levanté ligeramente y la senté sobre la mesa de la cocina. Abrí sus piernas y sin mucho esfuerzo, mi verga penetró su húmedo coño. Me sujetó con sus piernas, al tiempo que movía su cuerpo como poseída por un espíritu. Lo que más me excitaba en esos momentos era el ver como mi verga entraba y salía de su coño una y otra vez. Sin contar la manera tan particular de gemir que tenía, más parecía el relincho de una yegua que gemidos de placer. Yo estaba tan y tan envuelto en la relación, que no me di cuenta que mi mujer había llegado. Justo en el momento en que terminaba de venirme dentro de tan divino coño, Amanda agarró la escoba y nos atacó como si fuera una loca. Resultado, hasta tuvo que intervenir la policía, desde ese mismo día me separé de ella, al poco tiempo firmamos los papeles de divorcio y no supe más de ella, por un buen tiempo más o menos unos 17 o 18 años. Sí había hecho los arreglos pertinentes para pasarle una pensión a mi hija, y tras muchos años de infructuosamente querer comunicarme con ella, me cansé. De seguro Amanda le había contado con lujo de detalles lo mal hombre que yo había sido con ella, por lo que decidí esperar a que mi hija creciera para hablarle. Bueno les cuento todo eso para que tengan una idea de lo que había pasado entre mi ex y yo. Un buen día recibo una llamada de Amanda, en mi negocio. En pocas palabras me dijo, que fuera a buscar a mi hija, que ya no la podía seguir criando. La verdad que la llamada me sorprendió, de repente me acordé que tenía una hija, salí de mi negocio, dejando a cargo a una de las empleadas, por no llamarlas cabareteras. Cuando llegué, a la que hacía tanto tiempo, había sido mi casa. Mientras tocaba el timbre de la entrada, me dio algo de nostalgia. Que desapareció casi de inmediato al ver a una chica con tremendas nalgas en pantalones cortos, que conversaba con otras tres. Apenas salió mi ex mujer, me preguntó, como con rabia. ¿Ya vistes a tu hija? Sin esperar mi respuesta, la llamó de un solo grito. Amandita llegó tu padre, cámbiate de ropa, recoge tus cosas y súbelas a su auto de lujo. Eso último lo dijo con más rabia aún. Amandita pasó como rayo frente a nosotros, durante todo el tiempo que esperé, mi ex no dijo nada. Al poco rato bajó mi hija, vestía una pequeña minifalda y una semitransparente blusa que sin esfuerzo alguno dejaba que se le vieran sus hermosos y parados senos. Cargué en el auto su única maleta y antes de que arrancara le dijo a su madre, en otro momento pasaré por lo demás. La manera de comportarse de mi hija me dejó bastante confundido, en lugar de encontrarme una chica tímida, o hasta quizás molesta por el hecho de irse a vivir con un padre que no la conocía. Me encontré con una muchacha de lo más simpática, habladora, que al parecer estaba muy contenta de lo que estaba pasando. Cuando le comencé a decir que me perdonase por no haberme comunicado con ella en 18 años, Amandita de inmediato me dijo, no te preocupes, ya se no todo fue culpa tuya, desde niña me di cuenta que mi mamá te tiraba el teléfono, cada vez que tú llamabas y cuando yo le preguntaba quien era, me decía siempre lo mismo. Es un desgraciado que no tiene nada que hacer. El escuchar a mi hija decir eso en parte me hizo sentir un poco mejor, fue cuando de momento la volteé a ver y me di cuenta que se encontraba sentada con sus piernas bien abiertas montadas sobre el asiento del auto, dejándome ver completamente sus bragas y hasta parte de su coño. De la impresión por poco me llevó enredado a un peatón que se me atravesó. Cuando le pregunté por que su madre después de tanto tiempo tomó la decisión de que se fuera de la casa, Amandita me respondió "por celos". Yo me quedé boquiabierto al escucharla, mientras que ella seguía diciéndome:- Yo por lo general cuando me voy a dormir, lo hago sin nada de ropa, en las mañanas después de levantarme entró al baño y después voy a la cocina tal como estoy. - Aunque mi mamá siempre me decía que no lo hiciera, que me parecía a ti hasta en eso. Bueno su novio llegó un día y no me di cuenta de que me estaba ligando, mientras que yo buscaba una fruta para desayunar en la nevera. Desde ese momento, prácticamente me botó de la casa. Yo al escucharla decir eso me dije a mi mismo de tal palo tal astilla, lo decía por lo de levantarse sin nada de ropa, como yo. Cuando le pregunté a mi hija que pensaba estudiar, me dijo que después de que terminó la escuela, su mamá le preguntaba ¿para que iba a estudiar? si ella del tipo de persona que sin problema alguno vivía de los demás, igual que tu padre. Como verán mi ex me la tenía dedicada, bueno al llegar a mi casa, mi hija se quedó sorprendida, me dijo que cuando pequeña, su madre le decía que yo vivía en una pocilga. Bueno mi hija rápidamente se acomodó y se sintió a gusto en mi casa. Fue cuando comenzaron mis problemas, a la mañana siguiente cuando me levanté, lo primero que me encuentro es a mi hija desnudita en la cocina, aunque yo cargaba puesta una bata de baño, me sentí incomodo por lo sucedido y hasta hablé con ella con respecto a eso. En ocasiones cuando en la madrugada regresaba de mi negocio, me la encontraba en bragas y sostén viendo televisión. Mi hija tiene un cuerpo hermoso y provocativo. Lo que empeoraba más la situación, ya que primero la miraba como mujer que como hija. En más de una ocasión ella me atrapó, ligándole las nalgas, yo estaba hecho un desastre, nada más pensaba en su cuerpo, en su coño en sus tetas, en sus nalgas y en sus carnosos labios. Para colmo ella como que se divertía mostrándome su cuerpo, sin vergüenza alguna se inclinaba a recoger alguna tontería del piso, mostrándome completamente sus paradas nalgas y hasta parte de su coño. Sino era que le daba por usar mi baño, en fin por más que yo quisiera evitar verla, no había día en que ella se saliera con la suya. Hasta una madrugada que llegué de mi negocio, con algunas copas encima y ella me esperó despierta. Apenas llegué me pidió que la enseñase a bailar bolero, sin perder tiempo de inmediato puso algo de música, sin dejar tiempo a que me pudiera negar. Se la pueden imaginar, únicamente con sus pantis blancas de algodón y una pequeña camiseta que dejaba su vientre y ombligo al aire. Extendiéndome sus brazos, para que yo la bailara con ella. Apenas sentí su caliente y juvenil cuerpo entre mis brazos, me comencé a excitar. Aunque procuré mantener cierta distancia entre ella y yo, pero a los pocos minutos de estar dando los acompasados pasos de un bolero, nuestros cuerpos se acercaron más, hasta que final prácticamente lo único que nos separaba era mi ropa. Lentamente fui bajando mi mano derecha, hasta que le quedó sobre sus paradas nalgas. De esa manera, la comencé a pegar apretar con mayor fuerza contra mí. De momento nuestras mejillas se rozaron, tras lo cual no se como nuestros labios terminaron unidos en un fogoso beso, en el que yo introducía mi lengua dentro de su boca. Mi mano derecha la deslicé dentro de sus pantis, al tiempo que seguía apretando a mi hija contra mi cuerpo al compás del bolero que ella había puesto. Amanda me preguntó de manera bien seductora ¿papi no será mejor, que te pongas más cómodo? Sin perder tiempo, me comencé a desabotonar la camisa, al tiempo que ella sin decir nada me soltó la correa del pantalón. Como pude me quité los zapatos, el pantalón, la camisa y seguimos bailando, hasta que llegamos al sofá de mi sala. Amanda se recostó sobre el mueble y de inmediato sin decir nada se quitó tanto la pequeña camiseta como la braga de algodón, con la que se quedó girándola en el aire con uno de sus dedos, quedando completamente desnudita frente a mí mostrándome su lindo coño. Por unos segundos me pregunté a mi mismo que era en lo que estaba pensando, se trataba de mi propia hija. Pero yo estaba tan excitado, por una parte y por otra parte ella esta tan buena, que cualquier pensamiento de retirarme se esfumó. por lo que sin demora, me fui acercando a ella, ya me estaba quitando los interiores, y agarrando mi verga entre mis dedos, dirigiéndola directamente a su coño. El sentir la caliente carne de mi hija, a medida que la comenzaba a penetrar, fue la cosa más excitante que recuerdo haber hecho en mucho tiempo. Amanda al igual que su madre, a medida que yo con mis manos, acariciaba su hermoso y juvenil cuerpo, ella se iba moviendo de manera lenta. Hasta que nuestros dos cuerpos, quedaron completamente unidos. Ambos nos abrazamos con pasión inusitada, nos seguimos besando de manera ardiente, sin que ella tomase en cuenta de que yo era su padre, como tampoco yo tomaba en cuenta para nada que ella fuera mi hija. El sabroso aroma de su cuerpo, su juventud, su energía era algo único para mí. Mi hija aunque joven, ya se movía como toda una profesional del sexo. Contrario a su madre, mi hija a medida que iba sintiendo como yo la abrazaba la besaba y penetraba, aparte de decir que le siguiera metiendo mi verga, se movía con más fuerza y gemía de una manera bien especial. Amanda por lo visto ya era toda una experta, apenas me vine dentro de ella, después que alcanzó el clímax, se levantó del sofá y de inmediato se dirigió al baño, de donde regresó completamente mojadita. Nuevamente se recostó a mi lado y sin que yo le dijera nada, se dedicó a mamar mi verga. La que en poco tiempo, se volvió a poner bien dura. Tras lo cual comenzó a restregar sus paradas nalgas, contra mi miembro. Para mi mayor placer, Amanda se había puesto algo de vaselina entre sus nalgas, por lo que sin mucho esfuerzo la penetré, por su sabroso y parado culito. Mi hija movía sus nalgas, como hacía tiempo no sentía que una mujer lo hacía. Yo por mi parte abrazaba y acariciaba todo su cuerpo, sus parados senos, su coño, hasta que a duras penas me volvía a venir dentro de ella. Tras esa madrugada, mi hija prácticamente se mudó a mi dormitorio, ambos dormimos completamente desnudos, la mayoría de las veces teníamos sexo en diferentes lugares de la casa. Hasta que llegó un día en que Amandita me pidió que la dejase ir a mi negocio, antes de que yo pudiera decirle algo me dijo:- Mira papá, yo no puedo pasar el resto de mi vida acostándome contigo, mi mamá después de que terminé en la escuela, ni siquiera me aconsejó que siguiera estudiando. Pero hay algo en lo que puedo trabajar junto a ti...Al escucharla decir eso me produjo curiosidad en saber de que ella hablaba. Por lo que le pedí que no se quedase callada. Amanda me continuó diciendo ¿tú tienes un bar de putas verdad? A lo que le respondí, de manera algo tímido que si. A lo que ella siguió diciendo:- Bueno papito, me pongo a trabajar en tu negocio, si te parece. Te aseguro que no te arrepentirás. Sus palabras me dejaron de una sola pieza. Ya que una cosa es que yo administre un negocio en el que hay unas cuantas putas y que les facilite las habitaciones para que se acuesten con sus clientes y otra es que mi única hija, también lo hiciera, pero como ella misma me dijo en varias ocasiones, no quería estudiar, lo único que deseaba era trabajar en lo que mejor sabía hacer. Tras discutirlo en la cama Amanda me mostró su punto de vista, por lo que no pude negarme a su pedido de trabajar en mi negocio. Desde el primer día rápidamente llamó la atención de la mayoría de mis clientes, fue cuando me di cuenta en que me había convertido sin proponérmelo en el chulo o cabrón de mi propia hija, ya que por una parte ella me daba parte de sus ganancias, mientras que por las otra cuando nos encontramos en casa, ella me cuenta detenidamente todo lo que sus clientes le hacen o le piden que les haga.