Juan y yo siempre hemos sido amigos, desde el colegio. Después de 2º de Bachillerato cada uno siguió su camino, pero nosotros continuábamos nuestra relación de amistad. La verdad es que a mí siempre me gustó. Teníamos un carácter muy diferente, que para ser amigos encajaba muy bien, pero creo que jamás nos habríamos soportado como pareja. Sin embargo, la atracción mutua, con el paso del tiempo, fue más que evidente. Y pasó lo que tenía que pasar. Cuando empezamos la universidad, cada uno por su cuenta, no nos vimos tan a menudo. Un día me llamó y me invitó a cenar porque estaba solo y nos teníamos que poner al día en nuestras cosillas. No me extrañó que lo hiciera, no era la primera vez, incluso habíamos dormido los dos solos en su casa sin que nunca pasase nada entre nosotros. Después de cenar nos sentamos a ver una película, y cuando quise darme cuenta, nos estábamos besando como locos. Se levantó y me dio la mano para que me pusiera en pie.- Vamos a la cama mejor – dijo.No me hice de rogar. Por un lado no quería que pensara que era una “chica fácil”, pero por otro me había puesto cachondísima con tanto toqueteo y acabamos follando como posesos, no sé ni cuantos orgasmos tuve. El más intenso de todos fue cuando me sujetaba de las muñecas para que no las moviese, clavándomela frenéticamente y me chupaba y me mordía las tetas haciéndome daño. Por primera vez en mi vida me imaginé que me estaba sometiendo (supongo que al ver que el dolor me excitaba) y me corrí como una loca, imaginándome como una auténtica puta. Desde aquel día cada vez que quedábamos acabábamos follando, daba igual donde. Mucho mejor, obviamente, si teníamos la posibilidad de estar solos en una de nuestras casas, pero no era requisito indispensable. Incluso llegué a hacerle una mamada en unas escaleras, enfrente de un andén, en una estación de trenes.Aquel día fue el primero que se corrió en mi boca, y me dio un poco de asco, por eso lo escupí después. Creo que él pensó que me lo iba a tragar y detecté un gesto de contrariedad en su rostro, pero preferí ignorarlo. Si lo hablábamos podríamos acabar discutiendo, y tampoco es que hubiera que hablarlo todo. No éramos novios, sólo amigos que follaban. No quería perderle, porque de las personas con las que estaba (tenía más “amigos con derecho a roce”) él era quien me hacía tener los orgasmos más alucinantes. Quedábamos una o dos veces por semana fijas, y a veces más, hasta el punto de no ir a clase durante días enteros para quedarnos toda la mañana en su casa o en la mía, mientras nuestros padres trabajaban. Un viernes, (que precisamente hacía dos semanas que no quedábamos porque yo tuve exámenes y ya apetecía) nos fuimos por ahí. Sus padres se iban de viaje, pero de madrugada, a eso de las cinco, así que decidimos salir de copas y después, ya por la mañana (siempre éramos de los últimos en salir de los locales) ir a su casa. Al fin y al cabo, si nos daba un calentón, siempre podíamos ir al baño o hacerlo en el coche.Ese día le conté lo que tanto corte me daba, aunque realmente fue él quien lo preguntó, porque íbamos con muchas copas de más y la vergüenza desaparecía como por arte de magia.- Tengo ganas de llegar ya a casa – dijo.- ¿Por qué? – pregunté yo haciéndome la inocente.- Para follarte – contestó mordiéndome la oreja.- No me digas eso aquí, que me calientas. Me puso contra la pared y empezó a besarme el cuello y a sobarme entera en un rincón.- Eh Juan, para, que se va a dar cuenta todo el mundo...- ¿Tienes miedo de que se crean que eres una putita? - Me descolocó su pregunta. Entre que no me lo esperaba y que me estaba poniendo a mil, no contesté.- ¿O es que lo eres de verdad? – continuó.- Pero ¿qué dices? – ahí si me dio un poco de corte.- No me lo niegues, si te dejas follar por la primera polla que se te pone delante... ¿Te crees que no me he fijado en que te gusta que te joda a lo bestia? ¿En la cara de zorra viciosa que pones cuando me chupas la polla como si fuera un chupa chups? A ti no te gusta que te folle, te gusta que te viole como a una vulgar perra callejera, una furcia barata.Me metió la mano por debajo de la falda sin mucho esfuerzo (era cortísima) y empezó a meter y sacar dedos de mi coño.- Ufff, Juan, como me pones...- No quiero que te corras – dijo en tono autoritario.- Nooo, no me hagas esto, joder, que estoy cachondísima, no voy a aguantar.- Haremos una cosa: si consigues no correrte, todo seguirá como siempre.- Y, ¿si me corro? – pregunté jadeando, temiendo que me dijera que nuestra “relación” se había terminado (en lo que a sexo se refiere, claro).- Si te corres, serás mi putita todo el fin de semana y te someteré como quiera, ¿vale? Seré tu Amo.- Estás loco, no lo dirás en serio...Intenté hacerme la difícil, pero la verdad es que su propuesta me había calentado todavía más. Y por si eso fuera poco, con los dedos empapados de mis flujos se puso a frotarme el clítoris con fuerza, sabiendo que no podría resistirme.- Vamos zorrita, estás deseando correrte para ser mi guarra, para pasarte comiendo polla todo el fin de semana y darle caña a todos tus agujeros. Me apretó un pezón con fuerza, calentándome más y más. Por fin, le agarré el brazo con la mano, corriéndome. Fue un orgasmo brutal. Con una sonrisa triunfante, del estilo “ahora si que te tengo bien cogida” sacó la mano de dentro de mis bragas.- Voy al baño – le dije dándole un beso.Me dispuse a ello, pero él me agarró de la camiseta.- Ya puedes darte prisa, porque todavía no he acabado contigo, perra. Y como se te ocurra volver a besarme te castigaré. Sólo eres una simple ramera.- Pero si has dicho que... – intenté protestar. Volviendo a arrinconarme me pellizcó en la cara interna de los muslos, haciéndome daño, y me tapó la boca con la otra mano para amortiguar mi grito.- No te has ganado una hostia porque esto está llenito, puta, pero la próxima vez que me discutas una orden te cruzo la cara. El fin de semana ya ha empezado, así que desde ahora mismo hasta el domingo cuando te vayas a tu casa me perteneces, eres un saco de recibir pollas y nada más, ¿estamos? - Sí – respondí, dudando si me gustaría dónde me acababa de meter.Esta vez metió la mano por dentro de mi camiseta, me agarró un pezón (los tenía duros y erectos, marcados, porque iba sin sujetador y la camiseta era pegadita) y me lo retorció. No grité para que no se enfadara, pero me mordí el labio inferior aguantando el dolor.- Sí Amo, zorra. Cada vez que me contestes a una pregunta, dirás “Amo”, ¿ha quedado claro? - Sí, Amo.- Pues lárgate de una vez. Te doy un minuto.Me empujó, casi haciéndome chocar contra la puerta. Yo entré, medio excitada otra vez, alucinada por lo que había pasado. No parecía, desde luego, el mismo Juan de toda la vida. Me adecenté un poco y salí otra vez, deprisa. No se había movido.- Veinte segundos tarde. Esto se añadirá a tu castigo.- ¿Qué castigo? – se me ocurrió preguntar.- Si te castigo es porque me sale de los cojones, y tú lo aceptas y punto. Sólo faltaba que un putón me diga lo que tengo que hacer.- No pretendía eso, Amo, perdóname – dije humildemente, a ver si así se le quitaba de la cabeza la idea del castigo.- Ni perdón ni hostias, piénsate bien las cosas antes de abrir esa puta boca – después me dio una colleja y dijo – no mires a tu Amo a la cara, no te lo mereces. La mirada fija en el suelo. Y no se te ocurra tutearme.Abrí la boca para disculparme, pero él me hizo callar.- No quiero oír ni una palabra de esa bocaza a no ser que te pregunte algo, y si quieres preguntar tú, pide permiso.- Perdone, Amo, ¿puedo preguntar algo? - No, puta – me agarró del pelo y me levantó la cabeza – sin que sirva de precedente, mírame a los ojos. La música está muy alta y no quiero tener que repetirte las cosas. Como se te ocurra desobedecer alguna de mis órdenes, te aseguro que no te vas a poder sentar en un mes del castigo que te vas a ganar. ¿Está claro? - Sí, Amo, estoy dispuesta a obedecer todas sus órdenes.- ¿Estás segura, puta? Esta es tu última oportunidad: si no quieres, lo dejamos. Pero si no eres mi esclava este fin de semana, nuestra relación pasará a ser estrictamente de conocidos. Nunca ni un beso más.No dudé en contestar. Aunque me asustaba un poco, jamás había estado tan caliente.- Estoy segura de complacerle en todo lo que me pida, Amo.- Entonces, ¿admites que eres una puta cuyo único objetivo es ser follada? Quiero una respuesta, alto y claro. Murmuré un “Sí Amo” por miedo a que nos oyeran, pero me retorció un pezón con todas sus fuerzas (se debió dar cuenta antes de lo mucho que dolía) y dijo: - Estoy perdiendo la paciencia, zorra, hasta una insignificante ramera como tú debería entender esto: una respuesta clara, larga y alta. ¡Venga! - Lo siento, Amo. Soy una puta y mi único objetivo es ser follada.Lo dije alto, y pareció complacido. Pero un par de chicos que estaban justo a mi lado se miraron entre ellos y se rieron. Juan me dio una colleja indicando que bajase la vista y se acercó a ellos.- ¿Os gusta mi puta? – preguntó.- Eh...sí – oí que contestaba uno, algo cohibido.- Si queréis podéis usarla un rato. Vi de reojo que se miraban entre ellos.- ¿Por cuánto dinero? – preguntó el otro.- Pues es carita la zorra, pero habéis tenido suerte, sólo quiero ver cómo funciona, os la dejaré como si fuerais los probadores oficiales, jajaja – los tres se rieron – una mamada gratis a cada uno. Si queréis algo más, entonces sí os haré pagar. Podéis hacer cualquier cosa menos darle por culo. ¿Os parece bien? - Joder sí, claro que sí.- Sólo una condición: no una mamada normal, quiero que la tratéis como lo que es. Una puta. ¿Hace el trato? Que seáis sus Amos durante un rato.- ¡Sí, sí, vamos! – decían los dos a la vez.Juan me agarró del pelo y me subió la cabeza.- Mira a tus Amos, zorra. En cuanto salgamos de aquí van a usarte, así que quítate las bragas, que no van a esperar a que a ti te dé la gana de hacerlo. Iba a replicar que allí en medio iban a verme, pero entonces me debatiría entre un castigo de campeonato o no volver a follar con Juan. Y ninguna de las dos cosas me apetecía, así que me las quité allí mismo y se las di, consolándome pensando que en un rato estaría corriéndome y obtendría mi recompensa.- Están empapadas... menuda golfa estás hecha.- ¿Cómo se llama? – preguntó uno de los chicos, que era rubio, dando por hecho que yo no hablaba por mí misma, lo cual era cierto.- Se llama Laura, pero la puedes llamar como te dé la gana. Le gusta mucho que la insulten, se le encharca el coño. Pero en fin, lo que le guste a ella os la tiene que sudar, vosotros a disfrutar – después, dándome una torta, dijo – a cuatro patas. Vas a salir de aquí como la perra que eres para que te vea todo el mundo. Y esto, como castigo por ser tan puta y mojarte sin pedir permiso, que va chorreándote el coño de fulana ese que tienes.Me puso las bragas (era cierto que estaban empapadas, y darme cuenta de ello hizo que todavía me mojase más) en la boca.- Así, como un perro con su hueso – los tres se rieron – camina, puta, delante de nosotros, sin que sirva de precedente. Y procura que esas tetorras se tambaleen – lo cual era fácil, dado que, como ya he dicho, no llevaba sujetador. No tardé ni quince segundos en llegar a la puerta, pero pasé la peor vergüenza de mi vida. Todos los tíos me señalaban y soltaban comentarios groseros y soeces, y Juan me daba patadas en el culo para que anduviera. Y yo, sin saber por qué... excitándome, deseando que ese par de desconocidos me follaran, que me sobaran entera, restregarme contra su paquete, que me insultaran...Llegamos al parking donde teníamos el coche y nos situamos detrás.- Entonces, ¿sólo mamada o algo más? - Más, más – contestaron los dos, ávidos de sexo – y te pagamos ahora mismo, vamos...- Venid, no quiero que la golfa sepa por cuánto la alquilo.Se alejaron un poco y les oí cuchichear detrás de mí. Después volvieron.- Os la dejo una hora. Recordad, podéis hacerle todo lo que queráis menos darle por culo.- ¿Se traga las corridas? Juan sonrió triunfal y yo sentí asco. Recé para que su respuesta fuera negativa.- Por supuesto, es ninfómana perdida, se vuelve loca cuando le dan leche. ¿Verdad, putita mía? – preguntó cogiéndome de la cara.- Sí, Amo.- Te he dicho que quiero respuestas largas – ordenó dándome un sonoro bofetón en la mejilla – dímelo para que tus Amos lo oigan de tu boca. A ver si van a creer que te están obligando a hacer algo que no quieres...- Sí, Amo, me vuelvo loca con la leche, soy ninfómana perdida. Él se rió y como despedida me dio una torta en la otra mejilla.- Lo ha dicho ella, así que ya sabéis. A disfrutar.