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La sorpresa
La sorpresa
Escrito por
mujercita
el 29/1/2008, a las 02:47
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Categorías:
Sadomaso
,
Heterosexuales
,
Orgías
Llegamos juntos. Nos deshacíamos en besos y risas, como siempre. Hacía tiempo que no nos veíamos y lo deseaba enormemente.

Tras cerrar la puerta de la habitación le cambió la voz, era el amo el que había entrado allí conmigo. No era brusca, todo lo contrario, muy suave y hasta dulce, pero la del amo. Me hizo caminar un poco y se puso detrás de mí. Intenté girarme buscando de nuevo su boca, pero con un solo “No” fue suficiente, ahora era su esclava. Debía obedecer todos los deseos de mi amo. “Cierra los ojos”

Comenzó a acariciarme el pelo y el cuello, muy despacio. El cuello es mi punto débil, y enseguida comencé a jadear, me estaba poniendo muy caliente. De vez en cuando recogía todo el pelo y se acercaba a mi nuca para susurrarme y lamerme. “¿cómo esta mi puta?”, Dios como iba a estar, calentándome más y más a cada segundo.

Sin separarse de mi espalda comenzó a desabrochar los botones de mi camisa, era blanca como a él le gustaba. Se pegaba a mi culo, notaba como su polla estaba dura dentro de su pantalón. Lo hizo muy despacio, uno a uno, sin permitir que le ayudara aún cuando se atascó en uno de ellos. Me cogió de las manos y las bajó hasta dejar mis brazos rectos pegados al cuerpo. No podía moverme ni tocarlo. Deslizó por ellos la camisa hasta que cayó al suelo.

Ahora las caricias eran en mis hombros, con la punta de los dedos. Me moría por tocarlo, por comerle la boca, pero el amo había dicho que “no”. Me despojó del sujetador, de igual forma, lentamente, y me cogió las tetas con sus manos, amasándolas, cogiendo los pezones con dos dedos y pellizcándolos dulcemente. Un escalofrío me recorría la espalda cada vez que hacía eso. Estaba mojada, notaba como mi coño segregaba cada vez más, y mi botoncito crecía dentro de él.

Al principio me desesperé estaba ansiosa, pero ahora no quería que cesaran esas caricias.

Pasó la mano debajo de mi falda, seguía detrás de mí, sin permitirme moverme, y sin poder verle la cara. Tocó mi culo, lo acarició, y buscó el camino tras mi tanga hasta llegar al coño. Me estremecí. Metió un dedo en mi coño, lo mojó bien y me lo dio a chupar. Lo chupé y lo lamí como una loca, lo que yo quería era su polla. Dejó caer la falda también, y resbaló el tanga por mis piernas. Notaba su respiración en ellas. Ya estaba desnuda.

De pronto noté como me tapaba los ojos. Seguían cerrados como él había ordenado. “Camina sin miedo que yo te llevo”. Así lo hice, como tener miedo de mi amo. Llegamos a la cama, me senté, después me tumbé. Estaba excitadísima, necesitaba sentir el contacto de su piel, pero no me dejaba. “Abre los brazos” ¿para qué?, ni siquiera sabía como era la habitación, no tuve tiempo ni de echar un vistazo. Estiró mi mano hasta que noté algo frío, enseguida comprendí que era la cama, de esas metálicas y lo que iba a hacer ahora. Ató la mano a ella, estiré la otra buscando el otro lado y ató la otra. Era su esclava, iba a ser su muñequita de trapo, era lo que más deseaba en ese momento. Mi cuerpo estaba al rojo vivo, creí que con solo una caricia más me correría, pero no lo hizo. Me quedé así un buen rato, esperando escuchar o sentir algo, jadeando, pero no ocurría nada. Comencé a relajarme sería lo mejor, pronto empezaría de nuevo y quería disfrutarlo todo. Así fue, volvieron las caricias, recorría todo mi cuerpo despacio, primero con los dedos, y después con su legua. Los dedos de los pies, el tobillo, mi entrepierna sin tocar el coño, mi barriga, las tetas entreteniéndose en los pezones, el cuello, hasta llegar a la boca. Me besó como un loco, metiendo la lengua en mi boca desesperadamente. Estaba desnudo, notaba su cuerpo sobre el mío, su piel. Era delicioso sentirlo.

Entonces me comió como un loco las tetas, las cogía y las apretaba mientras las chupaba y mordía. Me volvía loca aquello. Mi coño volvió a mojarse, notaba como se iban mojando mis piernas cuando las movía al compás de aquellos lametones. No me atrevía a pedirle, pero necesitaba que me limpiara, que me comiera el coño de esa manera, que dejara que me corriera de una vez. Estaba sentado a horcajadas sobre mí y notaba su polla rozando mi piel. Intenté buscarla para que entrara en mi agujerito, pero no lo lograba. De pronto paró. ¡Nooooooooo! Lo deseaba. Quedé otra vez exhausta, ardiendo en deseos, pero sin correrme aún.

Me separó las piernas, dejó bien expuesto mi coño para él. Se deslizó por la cama, lo sentía, me moría por que empezara otra vez, cómeme de una vez. Y así lo hizo. Esta vez era diferente, muy despacio. Recorrió cada centímetro de mi coño con la lengua hasta llegar a mi ojete. La metió dentro y volvió para arriba. La metió también en mi agujerito, sorbió despacio todos mis jugos. Me estremecía en la cama, se me arqueaba la espalda cada vez que me lamía. Mi botoncito iba a estallar. La lengua se posó en él y un enorme placer recorrió cada uno de mis poros. Así estaba cuando sentí como tocaban mis tetas, primero unas manos, y después una boca. Eran dos bocas las que había sobre mi cuerpo. Me desconcerté, no sabía que pasaba, pero había alguien más con nosotros. En un primer momento intenté apartarme de las dos, pero era tan grande el placer que me estaban proporcionando que no pude hacerlo. Deseaba correrme, lo ansiaba, y dejé que me comieran hasta que caí rendida.

Intenté hablar, pero el amo volvió decir “No”. Callé, no tuve tiempo para pensar, cuatro manos recorrían de nuevo mi cuerpo.

Me besó, era él de nuevamente, lamiéndome la boca, comiéndola y metiéndome la lengua. Mientras mis tetas eran chupadas de nuevo. Mamaban de ellas cogiendo el pezón fuerte entre los labios, chupando dulcemente, era delicioso. Era una boca suave, unos labios blandos, como de mujer. No quería pensar, no me apetecía imaginar nada, era muy placentero y eso es suficiente. El amo susurraba cosas cerca de mi oído “Te gusta zorra”, “disfruta”. Y así lo hacía, disfrutar cada sensación que me producían los dos.

Su polla se acercó a mi boca, podía olerla, era la suya. La posó en mis labios mientras gemía. La cogí de una vez. Estaba mojada ya, babeaba. Muy dura y se arqueaba. Saqué la lengua para tocar su capullo, quería lamerlo y saborearlo, pero no tuve tiempo, la metió hasta la garganta. Me follaba la boca, muy duro, el amo estaba muy salvaje, debía estar a punto de estallar.

Cuando está muy caliente se vuelve muy bestia, pero me encantaba. Noté de nuevo como me comían el coño otra vez, no podía ni respirar. quería aquella polla en mi agujerito ya. Que se lo follara igual. Pero siguió en mi boca. Estaba muy caliente, ansiosa, excitadísima y me iba a correr otra vez. Mi coño segregaba y segregaba, y a aquella otra boca que se lo estaba comiendo debía de gustarle porque chupaba y sorbía mis jugos constantemente. Así me corrí de nuevo, disfrutando de mi amo mientras alguien me comía el coño otra vez.

Al notar como me corría el amo sacó la polla de mi boca. Ël no lo había hecho, pero seguía moviendo su polla con la mano, lo oía, conocía aquel sonido perfectamente. Yo continuaba con la boca abierta quería más.

La boca de mi coño paró de limpiarlo, estaba otra vez sola en la cama. Un pequeño respiro. Me desataron las manos y volvieron a atarlas ahora las dos juntas, por encima de mi cabeza. Tiraron de mi cuerpo deslizándome por la cama hasta los pies y noté como mis brazos quedaban estirados, seguía atada a la cama, pero de otra forma.

Noté de nuevo las manos del amo, ahora en mis piernas, las acariciaban, las abrieron y doblaron mis rodillas. Me metió la polla de una vez, entera, hasta atrás. Que placer, estaba tan dura, muy gorda. La sacó entera y la metió de nuevo con mucha fuerza. Yo me retorcía de gusto. Anhelaba esa polla follándome y por fin lo iba a hacer. Hizo aquello varias veces, intentándola meter más adentro, notaba como chocaban sus huevos en mi coño, y como se quedaban hasta pegándose en la piscina de babas que se había formado. Fue cogiendo el ritmo poco a poco, aunque la embestida era profunda. Mi botoncito estaba muy inflamado y con cada empujón me proporcionaba un doble placer.

Así estaba gimiendo y jadeando cuando un coño se plantó delante de mi boca, rozándola. No sabía que hacer, pero al abrir la boca para buscar aire casi se me coló dentro. Aquella mujer se ajustó a la altura de mi cara y fue algo instintivo el que mi lengua buscara su clítoris. Estaba rasurada y abría sus labios para que yo llegara bien a cada rincón. No podía parar, mi lengua se colaba dentro a cada impulso del amo. Estaba como loca, me follaba salvajemente y no podía parar de comer aquel coñito. Era como el pago al placer que rato antes ella me había proporcionado. Notaba como se estiraba, el amo debía de estar sobándole las tetas, ¿y yo?, ¿y mis tetas? Debieron de leerme el pensamiento, las manos de aquella mujer descansaron en ellas, pellizcó y retorció los pezones.

El amo seguía con su trabajo, muy bruto, duro, me enloquecía aquel ritmo. Jadeaba mucho y sabía que pronto estallaría. Yo no podía resistir más, me iba a correr, pero quería esperarlo, no podía decírselo, ni calentarlo con mis palabras, aquel coño se movía al compás de mi lengua, estaba a punto también. Era como un coro de gemidos y jadeos. Nos corrimos, los tres, la embestida del amo se traspasó por todo mi cuerpo hasta llegar al de ella. Noté como la leche del amo llenaba mi agujero y chorreaba hacia fuera también noté como aquel coño se inundaba de jugos para relajarse después.

“Muy bien esclava” y el amo me besó suavemente. Se alejaron de nuevo. Me dejaron en la cama. “Relájate; puta”. Obedecí, relajé las piernas, no, no quería relajarme, no quería pensar, le había comido el coño a otra chica, no quería pensarlo. Ellos hablaban muy bajito, no podía distinguir las palabras, no se si por la excitación, por el cansancio o por el estado de aturdimiento en el que estaba.

Entonces el amo se acercó, “Mira zorra- me puso la polla en la cara- Aún esta durita” Abrí la boca para contestar, pero me la metió de un golpe. “Lo ves; tendré que follarte otra vez” Si, fóllame, seguía estando muy caliente. Aquella pollita estaba dura y mi coño a punto. “Muévete puta; a cuatro patas, dame tu culito ahora”. Me giré a duras penas, el cansancio empezaba a hacer mella en mi cuerpo, “Suéltala”, me soltaron la cuerda de los barrotes, pero mis manos seguían atadas. Ahora le tocaba a mi culo, me gustaba, era una sensación distinta, un placer diferente, era así como me sentía su verdadera esclava con la polla del amo en mi culo, y a él le gustaba hacerlo. Me puse a cuatro patas buscando el filo de la cama. Noté una lengua en mi ojete, entraba y salía llenándolo de saliva, estaba preparándolo, a veces bajaba hasta el coño para recoger mis jugos y lubricar el otro agujerito. Estaba muy caliente y movía las caderas al compás de ella mientras mis tetas rozaban las sábanas. Cuando ya estuvo todo bien mojadito la lengua se deslizó poco a poco hasta mi coño entonces el amo entró en mi culo, muy despacito, pero hasta el fondo. Ella se acomodó en el suelo, de rodillas, chupándome a mí y al amo. Fue increíble. Me folló de nuevo como loco, estaba exhausta, aceleró hasta que notó como me iba a correr. Entonces sacó su polla y moviéndola con su mano dio a beber su leche a la chica que ya había acabado su trabajo en mi coñito.

Caí rendida en la cama. La puerta se oyó cerrar. El amo se acercó y quitó la venda de mis ojos, me desató y me besó dulcemente “Muy bien mi vida”

Mi coño segregaba y segregaba, y a aquella otra boca que se lo estaba comiendo debía de gustarle porque chupaba y sorbía mis jugos constantemente, así me corrí de nuevo, disfrutando de la polla de mi amo, mientras alguien me comía el coño.

Rita esklava de pepe ritaesklavadepp@hotmail.comSadomaso

Llegamos juntos. Nos deshacíamos en besos y risas, como siempre. Hacía tiempo que no nos veíamos y lo deseaba enormemente.

Tras cerrar la puerta de la habitación le cambió la voz, era el amo el que había entrado allí conmigo. No era brusca, todo lo contrario, muy suave y hasta dulce, pero la del amo. Me hizo caminar un poco y se puso detrás de mí. Intenté girarme buscando de nuevo su boca, pero con un solo “No” fue suficiente, ahora era su esclava. Debía obedecer todos los deseos de mi amo. “Cierra los ojos”

Comenzó a acariciarme el pelo y el cuello, muy despacio. El cuello es mi punto débil, y enseguida comencé a jadear, me estaba poniendo muy caliente. De vez en cuando recogía todo el pelo y se acercaba a mi nuca para susurrarme y lamerme. “¿cómo esta mi puta?”, Dios como iba a estar, calentándome más y más a cada segundo.

Sin separarse de mi espalda comenzó a desabrochar los botones de mi camisa, era blanca como a él le gustaba. Se pegaba a mi culo, notaba como su polla estaba dura dentro de su pantalón. Lo hizo muy despacio, uno a uno, sin permitir que le ayudara aún cuando se atascó en uno de ellos. Me cogió de las manos y las bajó hasta dejar mis brazos rectos pegados al cuerpo. No podía moverme ni tocarlo. Deslizó por ellos la camisa hasta que cayó al suelo.

Ahora las caricias eran en mis hombros, con la punta de los dedos. Me moría por tocarlo, por comerle la boca, pero el amo había dicho que “no”. Me despojó del sujetador, de igual forma, lentamente, y me cogió las tetas con sus manos, amasándolas, cogiendo los pezones con dos dedos y pellizcándolos dulcemente. Un escalofrío me recorría la espalda cada vez que hacía eso. Estaba mojada, notaba como mi coño segregaba cada vez más, y mi botoncito crecía dentro de él.

Al principio me desesperé estaba ansiosa, pero ahora no quería que cesaran esas caricias.

Pasó la mano debajo de mi falda, seguía detrás de mí, sin permitirme moverme, y sin poder verle la cara. Tocó mi culo, lo acarició, y buscó el camino tras mi tanga hasta llegar al coño. Me estremecí. Metió un dedo en mi coño, lo mojó bien y me lo dio a chupar. Lo chupé y lo lamí como una loca, lo que yo quería era su polla. Dejó caer la falda también, y resbaló el tanga por mis piernas. Notaba su respiración en ellas. Ya estaba desnuda.

De pronto noté como me tapaba los ojos. Seguían cerrados como él había ordenado. “Camina sin miedo que yo te llevo”. Así lo hice, como tener miedo de mi amo. Llegamos a la cama, me senté, después me tumbé. Estaba excitadísima, necesitaba sentir el contacto de su piel, pero no me dejaba. “Abre los brazos” ¿para qué?, ni siquiera sabía como era la habitación, no tuve tiempo ni de echar un vistazo. Estiró mi mano hasta que noté algo frío, enseguida comprendí que era la cama, de esas metálicas y lo que iba a hacer ahora. Ató la mano a ella, estiré la otra buscando el otro lado y ató la otra. Era su esclava, iba a ser su muñequita de trapo, era lo que más deseaba en ese momento. Mi cuerpo estaba al rojo vivo, creí que con solo una caricia más me correría, pero no lo hizo. Me quedé así un buen rato, esperando escuchar o sentir algo, jadeando, pero no ocurría nada. Comencé a relajarme sería lo mejor, pronto empezaría de nuevo y quería disfrutarlo todo. Así fue, volvieron las caricias, recorría todo mi cuerpo despacio, primero con los dedos, y después con su legua. Los dedos de los pies, el tobillo, mi entrepierna sin tocar el coño, mi barriga, las tetas entreteniéndose en los pezones, el cuello, hasta llegar a la boca. Me besó como un loco, metiendo la lengua en mi boca desesperadamente. Estaba desnudo, notaba su cuerpo sobre el mío, su piel. Era delicioso sentirlo.

Entonces me comió como un loco las tetas, las cogía y las apretaba mientras las chupaba y mordía. Me volvía loca aquello. Mi coño volvió a mojarse, notaba como se iban mojando mis piernas cuando las movía al compás de aquellos lametones. No me atrevía a pedirle, pero necesitaba que me limpiara, que me comiera el coño de esa manera, que dejara que me corriera de una vez. Estaba sentado a horcajadas sobre mí y notaba su polla rozando mi piel. Intenté buscarla para que entrara en mi agujerito, pero no lo lograba. De pronto paró. ¡Nooooooooo! Lo deseaba. Quedé otra vez exhausta, ardiendo en deseos, pero sin correrme aún.

Me separó las piernas, dejó bien expuesto mi coño para él. Se deslizó por la cama, lo sentía, me moría por que empezara otra vez, cómeme de una vez. Y así lo hizo. Esta vez era diferente, muy despacio. Recorrió cada centímetro de mi coño con la lengua hasta llegar a mi ojete. La metió dentro y volvió para arriba. La metió también en mi agujerito, sorbió despacio todos mis jugos. Me estremecía en la cama, se me arqueaba la espalda cada vez que me lamía. Mi botoncito iba a estallar. La lengua se posó en él y un enorme placer recorrió cada uno de mis poros. Así estaba cuando sentí como tocaban mis tetas, primero unas manos, y después una boca. Eran dos bocas las que había sobre mi cuerpo. Me desconcerté, no sabía que pasaba, pero había alguien más con nosotros. En un primer momento intenté apartarme de las dos, pero era tan grande el placer que me estaban proporcionando que no pude hacerlo. Deseaba correrme, lo ansiaba, y dejé que me comieran hasta que caí rendida.

Intenté hablar, pero el amo volvió decir “No”. Callé, no tuve tiempo para pensar, cuatro manos recorrían de nuevo mi cuerpo.

Me besó, era él de nuevamente, lamiéndome la boca, comiéndola y metiéndome la lengua. Mientras mis tetas eran chupadas de nuevo. Mamaban de ellas cogiendo el pezón fuerte entre los labios, chupando dulcemente, era delicioso. Era una boca suave, unos labios blandos, como de mujer. No quería pensar, no me apetecía imaginar nada, era muy placentero y eso es suficiente. El amo susurraba cosas cerca de mi oído “Te gusta zorra”, “disfruta”. Y así lo hacía, disfrutar cada sensación que me producían los dos.

Su polla se acercó a mi boca, podía olerla, era la suya. La posó en mis labios mientras gemía. La cogí de una vez. Estaba mojada ya, babeaba. Muy dura y se arqueaba. Saqué la lengua para tocar su capullo, quería lamerlo y saborearlo, pero no tuve tiempo, la metió hasta la garganta. Me follaba la boca, muy duro, el amo estaba muy salvaje, debía estar a punto de estallar.

Cuando está muy caliente se vuelve muy bestia, pero me encantaba. Noté de nuevo como me comían el coño otra vez, no podía ni respirar. quería aquella polla en mi agujerito ya. Que se lo follara igual. Pero siguió en mi boca. Estaba muy caliente, ansiosa, excitadísima y me iba a correr otra vez. Mi coño segregaba y segregaba, y a aquella otra boca que se lo estaba comiendo debía de gustarle porque chupaba y sorbía mis jugos constantemente. Así me corrí de nuevo, disfrutando de mi amo mientras alguien me comía el coño otra vez.

Al notar como me corría el amo sacó la polla de mi boca. Él no lo había hecho, pero seguía moviendo su polla con la mano, lo oía, conocía aquel sonido perfectamente. Yo continuaba con la boca abierta quería más.

La boca de mi coño paró de limpiarlo, estaba otra vez sola en la cama. Un pequeño respiro. Me desataron las manos y volvieron a atarlas ahora las dos juntas, por encima de mi cabeza. Tiraron de mi cuerpo deslizándome por la cama hasta los pies y noté como mis brazos quedaban estirados, seguía atada a la cama, pero de otra forma.

Noté de nuevo las manos del amo, ahora en mis piernas, las acariciaban, las abrieron y doblaron mis rodillas. Me metió la polla de una vez, entera, hasta atrás. Que placer, estaba tan dura, muy gorda. La sacó entera y la metió de nuevo con mucha fuerza. Yo me retorcía de gusto. Anhelaba esa polla follándome y por fin lo iba a hacer. Hizo aquello varias veces, intentándola meter más adentro, notaba como chocaban sus huevos en mi coño, y como se quedaban hasta pegándose en la piscina de babas que se había formado. Fue cogiendo el ritmo poco a poco, aunque la embestida era profunda. Mi botoncito estaba muy inflamado y con cada empujón me proporcionaba un doble placer.

Así estaba gimiendo y jadeando cuando un coño se plantó delante de mi boca, rozándola. No sabía que hacer, pero al abrir la boca para buscar aire casi se me coló dentro. Aquella mujer se ajustó a la altura de mi cara y fue algo instintivo el que mi lengua buscara su clítoris. Estaba rasurada y abría sus labios para que yo llegara bien a cada rincón. No podía parar, mi lengua se colaba dentro a cada impulso del amo. Estaba como loca, me follaba salvajemente y no podía parar de comer aquel coñito. Era como el pago al placer que rato antes ella me había proporcionado. Notaba como se estiraba, el amo debía de estar sobándole las tetas, ¿y yo?, ¿y mis tetas? Debieron de leerme el pensamiento, las manos de aquella mujer descansaron en ellas, pellizcó y retorció los pezones.

El amo seguía con su trabajo, muy bruto, duro, me enloquecía aquel ritmo. Jadeaba mucho y sabía que pronto estallaría. Yo no podía resistir más, me iba a correr, pero quería esperarlo, no podía decírselo, ni calentarlo con mis palabras, aquel coño se movía al compás de mi lengua, estaba a punto también. Era como un coro de gemidos y jadeos. Nos corrimos, los tres, la embestida del amo se traspasó por todo mi cuerpo hasta llegar al de ella. Noté como la leche del amo llenaba mi agujero y chorreaba hacia fuera también noté como aquel coño se inundaba de jugos para relajarse después.

“Muy bien esclava” y el amo me besó suavemente. Se alejaron de nuevo. Me dejaron en la cama. “Relájate; puta”. Obedecí, relajé las piernas, no, no quería relajarme, no quería pensar, le había comido el coño a otra chica, no quería pensarlo. Ellos hablaban muy bajito, no podía distinguir las palabras, no se si por la excitación, por el cansancio o por el estado de aturdimiento en el que estaba.

Entonces el amo se acercó, “Mira zorra- me puso la polla en la cara- Aún esta durita” Abrí la boca para contestar, pero me la metió de un golpe. “Lo ves; tendré que follarte otra vez” Si, fóllame, seguía estando muy caliente. Aquella pollita estaba dura y mi coño a punto. “Muévete puta; a cuatro patas, dame tu culito ahora”. Me giré a duras penas, el cansancio empezaba a hacer mella en mi cuerpo, “Suéltala”, me soltaron la cuerda de los barrotes, pero mis manos seguían atadas. Ahora le tocaba a mi culo, me gustaba, era una sensación distinta, un placer diferente, era así como me sentía su verdadera esclava con la polla del amo en mi culo, y a él le gustaba hacerlo. Me puse a cuatro patas buscando el filo de la cama. Noté una lengua en mi ojete, entraba y salía llenándolo de saliva, estaba preparándolo, a veces bajaba hasta el coño para recoger mis jugos y lubricar el otro agujerito. Estaba muy caliente y movía las caderas al compás de ella mientras mis tetas rozaban las sábanas. Cuando ya estuvo todo bien mojadito la lengua se deslizó poco a poco hasta mi coño entonces el amo entró en mi culo, muy despacito, pero hasta el fondo. Ella se acomodó en el suelo, de rodillas, chupándome a mí y al amo. Fue increíble. Me folló de nuevo como loco, estaba exhausta, aceleró hasta que notó como me iba a correr. Entonces sacó su polla y moviéndola con su mano dio a beber su leche a la chica que ya había acabado su trabajo en mi coñito.

Caí rendida en la cama. La puerta se oyó cerrar. El amo se acercó y quitó la venda de mis ojos, me desató y me besó dulcemente “Muy bien mi vida”

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