Un señor muy viejo, muy viejo, muy viejo, se muere y va al cielo. Como San Pedro anda en el baño, lo recibe Jesús, a quien el anciano le parece conocido: - ¿Cuál es tu nombre? - Huy, no lo sé, soy tan viejo que no me acuerdo. - Bueno, pues ¿de dónde vienes? - De muy lejos... Del Este. Jesús mira detenidamente al viejito. - Bueno, cuéntame más cosas, con esos datos va a ser muy difícil el saber quién eres. - Es que no me acuerdo. - A ver: ¿En qué trabajabas? - Soy Carpintero. Jesús abre los ojos con más curiosidad. - ¿Familia? - Tuve un hijo que se hizo muy famoso, pero hace mucho tiempo que no lo veo. Jesús titubea un momento, y con una inmensa alegría, le dice: - ¡Papa! Y el abuelete le dice: - ¡Pinocho! Los judíos están a punto de lapidar a una prostituta; sale Jesús y le dice a la multitud: - ¿¡Qué hacéis!? ¡Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que tire la primera piedra!Entonces una viejecita sale del grupo, se agacha, coge un pedruzco y se lo tira a la pobre puta, abriéndole la cabeza y tirándola al suelo cubierta de sangre, matándola en el acto. Entonces Jesús la mira a los ojos y le dice: - De verdad que a veces me irritas, mamá.